Si ya estás cansado del cliché del "humano común que desafía el cielo" en la fantasía xianxia, *Zhetian* (*Shrouding the Heavens*) te va a sacudir por completo. Todo arranca con una imagen escalofriante en lo profundo del cosmos: nueve dragones arrastrando un ataúd. Desde ese instante, la escala se dispara hacia las estrellas. El protagonista, Ye Fan, no es un elegido del destino; es un estudiante universitario común que termina atrapado en una antigua ruta estelar. Pero carga con un cuerpo que debería ser legendario: el Cuerpo Santo de la Era Antigua, una constitución de cultivo suprema en tiempos remotos, pero que en la era actual es considerada una maldición inútil. Esa contradicción brutal es el motor de la novela: un joven al que todos sentencian a muerte, que se abre paso a codazos, con la terquedad más tosca, por un mundo lleno de prodigios y clanes milenarios.
Desde la lucha por sobrevivir en el Templo del Gran Trueno en Marte, hasta la regla cruel de la Zona Prohibida Antigua donde el tiempo devora la juventud, pasando por las miradas de desprecio en la Gruta del Vacío Espiritual donde lo tratan como un desecho, Ye Fan estalla una y otra vez con una tenacidad feroz. Bebe hierbas como agua, abre su mar amargo dorado con una fuerza bruta que raya lo salvaje. Esa actitud de "mi destino lo decido yo, no el cielo" te atrapa sin respiro. Y cuando aparecen la tumba del Emperador Demoníaco, el monje sinvergüenza y las sagradas tierras de los clanes, el mundo se despliega en todo su misterio y grandeza. Sigue leyendo y verás cómo un simple mortal, con carne y hueso, avanza cantando por el camino de la inmortalidad, alzando la mano para cubrir el cielo.