Capítulo 7: El Altar de Cinco Colores

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Capítulo 7: El Altar de Cinco Colores

El antiguo ataúd de bronce se detuvo con un temblor, y la oscuridad infinita se disipó gradualmente. Ye Fan sintió que el mundo bajo sus pies se volvía sólido, y un resplandor de cinco colores atravesó las grietas del ataúd, iluminando los rostros pálidos de todos.

—¿Hemos llegado? —murmuró alguien con voz temblorosa.

El gran ataúd de bronce se abrió lentamente, y la luz de cinco colores se volvió más intensa. Ye Fan entrecerró los ojos y vio un altar antiguo, construido con piedras de cinco colores, brillando con un resplandor misterioso. Sobre el altar, había patrones y runas grabadas, que parecían contar una historia de una era antigua.

—Este es... un altar de teletransportación —dijo Pang Bo en voz baja, con un rastro de emoción en sus ojos.

Ye Fan respiró hondo y sintió el aire extraño y desconocido. El cielo sobre ellos no era azul, sino un púrpura profundo, como si estuvieran en otro mundo. A lo lejos, montañas antiguas se alzaban imponentes, y de vez en cuando se escuchaban rugidos de bestias, haciendo que el corazón se acelerara.

—Parece que realmente hemos llegado a otro lugar —dijo Li Xiaoman en voz baja, con una expresión compleja.

Ye Fan asintió, sintiendo una mezcla de inquietud y anticipación. Este mundo desconocido podía estar lleno de peligros, pero también de oportunidades sin precedentes.

—Miren allá —señaló alguien.

Siguiendo la dirección de la mirada, vieron que no muy lejos del altar de cinco colores, había ruinas dispersas, como los restos de una civilización antigua. Entre las ruinas, de vez en cuando brillaban destellos de luz, que parecían ser tesoros dejados por antiguos cultivadores.

—Vamos a echar un vistazo —propuso Zhou Yi, con un brillo de expectación en sus ojos.

Ye Fan dudó un momento, pero finalmente asintió. Este mundo desconocido requería que exploraran por sí mismos para encontrar una salida.

El grupo se movió con cautela hacia las ruinas. El suelo estaba cubierto de polvo, y cada paso levantaba nubes de tierra. De repente, una sombra negra pasó rápidamente frente a ellos, y todos se detuvieron en seco.

—¿Qué fue eso? —preguntó Lin Jia con voz temblorosa.

Ye Fan frunció el ceño, sintiendo una presencia peligrosa. De repente, un rugido ensordecedor resonó, y una bestia gigante, cubierta de escamas negras, saltó de entre las ruinas, mostrando sus colmillos afilados.

—¡Cuidado! —gritó Ye Fan, y rápidamente dio un paso atrás.

La bestia cargó contra ellos, y el grupo se dispersó en desorden. Ye Fan apretó los puños, sintiendo que la energía dentro de su cuerpo fluía lentamente. Aunque aún no dominaba completamente las técnicas de cultivo, su Cuerpo Santo le daba una fuerza y resistencia superiores.

—¡Atrás! —gritó Pang Bo, levantando una gran roca y lanzándola contra la bestia.

La roca golpeó a la bestia, pero solo la hizo tambalearse ligeramente, enfureciéndola aún más. La bestia rugió y se lanzó contra Pang Bo.

Ye Fan apretó los dientes, dio un paso adelante y, usando la fuerza de su Cuerpo Santo, golpeó el costado de la bestia. Con un sonido sordo, la bestia fue empujada varios metros, pero rápidamente se levantó, mostrando una mirada aún más feroz.

—Esta bestia es demasiado fuerte —dijo alguien con voz temblorosa.

Ye Fan también sintió presión. Esta bestia, al menos, tenía la fuerza de un cultivador en el Reino del Mar de Ruedas, y ellos, que acababan de comenzar, difícilmente podrían enfrentarla.

Justo cuando la bestia estaba a punto de atacar de nuevo, un rayo de espada cortó el cielo, y una figura vestida de blanco apareció frente a ellos. Era un joven de unos veinte años, con una espada larga en la mano, y una mirada fría.

—Bestia ignorante, ¿cómo te atreves a causar problemas aquí? —dijo el joven con indiferencia.

La bestia pareció sentir el peligro y retrocedió, pero el joven ya había movido su espada. Un destello de luz fría pasó, y la cabeza de la bestia cayó al suelo, su sangre negra manchando el suelo.

Ye Fan y los demás se quedaron atónitos, sin esperar que este joven fuera tan fuerte.

—Gracias por salvar nuestras vidas —dijo Ye Fan, juntando las manos en señal de agradecimiento.

El joven guardó su espada, miró a Ye Fan y a los demás, y dijo con indiferencia:

—Ustedes deben ser los que vinieron de la Tierra, ¿verdad?

Ye Fan se sorprendió, sin esperar que este joven conociera su origen.

—Así es —respondió Ye Fan con sinceridad.

El joven asintió y dijo:

—Este es el Antiguo Dominio Estelar Ziwei, un mundo de cultivadores. Ya que han llegado aquí, deben aprender a adaptarse. Síganme, les presentaré este mundo.

Ye Fan y los demás se miraron, y finalmente asintieron. En este mundo desconocido, tener a alguien que los guiara era sin duda algo bueno.

Bajo el liderazgo del joven, salieron de las ruinas y se dirigieron hacia una ciudad distante. En el camino, el joven se presentó como un discípulo de la Secta Yin Yang, llamado Zhang Wuji, y vino a las ruinas para buscar oportunidades.

—Este mundo está lleno de peligros, pero también de oportunidades —dijo Zhang Wuji—. Si tienen suerte, tal vez puedan encontrar el legado de un antiguo Gran Emperador y así alcanzar el Gran Dao.

Ye Fan escuchó atentamente, sintiendo que este mundo era mucho más vasto y misterioso de lo que imaginaba.

Pronto, una ciudad antigua apareció ante ellos. La muralla era alta y majestuosa, y dentro de la ciudad, el ir y venir de la gente era constante, con puestos y tiendas por todas partes, un bullicio animado.

—Esta es la Ciudad del Viento del Este, una de las ciudades más prósperas de la Región del Este —dijo Zhang Wuji.

Ye Fan miró a su alrededor, sintiendo el ambiente de este mundo de cultivadores. En su corazón, una llama ardía: en este mundo, debía volverse más fuerte para proteger a quienes lo rodeaban y encontrar el camino de regreso a casa.