Capítulo 996: ¡Duelo contra un Gran Emperador Antiguo!

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Capítulo 996: ¡Duelo contra un Gran Emperador Antiguo!

Ye Fan estaba en un estado extraño, como si hubiera sido transportado a otra dimensión. Frente a él, una figura imponente emergió de la nada, envuelta en una luz divina cegadora. Su presencia era abrumadora, como si el cielo mismo estuviera a punto de colapsar bajo su peso.

—¿Quién eres? —preguntó Ye Fan, sintiendo que su corazón se aceleraba. Reconoció esa aura; era la de un Gran Emperador Antiguo, un ser que había alcanzado la cima del Dao en eras pasadas.

La figura no respondió de inmediato. En su mano, una espada de luz dorada con patrones de dragón negro comenzó a tomar forma: la Espada del Espíritu Santo de Oro Negro con Patrón de Dragón. Cada movimiento suyo desgarraba el espacio, haciendo que las estrellas en el cielo temblaran.

Ye Fan apretó los puños. Sabía que esto no era una ilusión. El Caldero de la Madre de Todas las Cosas flotó frente a él, emitiendo un zumbido grave. El aliento primordial de todas las cosas lo envolvía, dándole una sensación de conexión con el universo.

—No importa quién seas, no me rendiré —dijo Ye Fan, su voz firme como una montaña.

El Gran Emperador Antiguo alzó su espada. Un rayo de luz cortó el vacío, y Ye Fan respondió instantáneamente, activando el Puño de los Seis Reinos del Samsara. Sus golpes eran como ruedas de dharma girando, cada uno capaz de aplastar montañas y mares.

¡Boom!

El impacto sacudió los cielos. Ye Fan retrocedió varios pasos, pero su mirada seguía siendo feroz. Sabía que enfrentarse a un Gran Emperador Antiguo era como desafiar al destino mismo. Sin embargo, su cuerpo santo brillaba con una luz dorada, resistiendo la presión abrumadora.

—Usaré el Rey Inmortal Desciende de los Nueve Cielos —murmuró Ye Fan, y una figura divina apareció detrás de él, como un soberano celestial descendiendo de los nueve cielos. Su poder se multiplicó, y el Gran Sello de la Mano del Vacío se formó en su palma, sellando el espacio a su alrededor.

El Gran Emperador Antiguo no mostró emoción. Simplemente levantó su espada y la bajó lentamente. Ese simple gesto contenía las leyes del cielo y la tierra, capaces de destruir todo a su paso.

Ye Fan rugió, activando el Secreto de la Totalidad. Su velocidad y fuerza alcanzaron un pico sin precedentes. Esquivó el golpe de la espada y contraatacó con el Arte del Guerrero, transformando su cuerpo en un arma divina.

—¡Un Aliento Transforma en Tres Purezas! —gritó Ye Fan, y tres figuras idénticas aparecieron a su lado, cada una ejecutando una técnica diferente. Una usaba el Puño de los Seis Reinos del Samsara, otra el Gran Sello de la Mano del Vacío, y la tercera el Arte del Andar Celestial, moviéndose como un fantasma.

El Gran Emperador Antiguo finalmente mostró un atisbo de interés. Su espada trazó un Círculo Dorado del Tai Chi en el aire, absorbiendo todos los ataques de Ye Fan y devolviéndolos multiplicados.

Ye Fan sintió que su cuerpo se desgarraba. La sangre brotó de sus labios, pero no se detuvo. Sabía que esta era una oportunidad única para probar sus límites. Si podía resistir a un Gran Emperador Antiguo, entonces podría enfrentar cualquier cosa en el futuro.

—¡Vasija del Gran Dao! —invocó Ye Fan, y una vasija negra apareció sobre su cabeza, absorbiendo la energía del caos circundante. La Técnica Devoradora de Cielos comenzó a girar, extrayendo poder del propio Gran Emperador Antiguo.

El Gran Emperador Antiguo frunció el ceño ligeramente. Su espada se transformó en un río de luz, cortando la conexión entre Ye Fan y la vasija. Luego, levantó su mano y presionó hacia abajo.

Ye Fan sintió que el cielo entero caía sobre él. Sus huesos crujieron, y su cuerpo santo casi se rompe. Pero en ese momento, recordó las enseñanzas del Viejo Loco y del Gran Perro Negro. Cerró los ojos y se sumergió en un estado de iluminación.

—El Dao no tiene forma, pero lo abarca todo —murmuró Ye Fan. Su cuerpo comenzó a brillar con una luz misteriosa, y el Círculo Dorado del Tai Chi apareció espontáneamente a su alrededor, girando lentamente.

El Gran Emperador Antiguo detuvo su ataque. Por un momento, sus ojos parecieron contener un destello de reconocimiento. Luego, sin decir una palabra, su figura comenzó a desvanecerse, como si nunca hubiera existido.

Ye Fan cayó de rodillas, jadeando pesadamente. El sudor empapaba su ropa, y su cuerpo temblaba por el agotamiento. Pero en su corazón, una llama ardía más brillante que nunca.

—Gran Emperador Antiguo... algún día, también alcanzaré ese nivel —dijo Ye Fan, apretando los puños.

El espacio a su alrededor se distorsionó, y de repente, se encontró de vuelta en el mundo real. Frente a él, el Gran Perro Negro y Pang Bo lo miraban con preocupación.

—¡Pequeña hoja, estás bien! —exclamó Pang Bo, corriendo hacia él.

—Parece que tuviste un encuentro interesante —dijo el Gran Perro Negro, moviendo la cola—. ¿Con quién te enfrentaste?

Ye Fan sonrió débilmente. —Con un Gran Emperador Antiguo.

El Gran Perro Negro abrió los ojos de par en par. —¿¡Qué!? ¿Sobreviviste a eso? Maldita sea, este perro no puede creerlo.

Ye Fan se puso de pie, sintiendo que su fuerza había aumentado significativamente. Ese duelo, aunque breve, le había dado una comprensión más profunda del Dao.

—Vamos, todavía tenemos un largo camino por recorrer —dijo Ye Fan, mirando hacia el horizonte.