Capítulo 1269: Precio Comparable a una Escritura Inmortal
En la Ciudad Santa, en la cima de una montaña espiritual, Ye Fan estaba sentado con las piernas cruzadas, meditando en silencio. Frente a él, el Gran Perro Negro estaba recostado perezosamente, masticando una pierna de bestia asada, con el hocico lleno de grasa.
—Oye, chico, ¿de verdad vas a vender ese lote de hojas de té de la iluminación? —preguntó el Emperador Negro, relamiéndose los labios—. Esas cosas son tesoros difíciles de encontrar, incluso para un gran emperador.
Ye Fan abrió los ojos y sonrió levemente.
—El té de la iluminación es ciertamente valioso, pero guardarlo no me servirá de nada. Es mejor cambiarlo por algunos recursos que me ayuden a avanzar en mi cultivo.
—Tsk, tsk, eres generoso. —El Gran Perro Negro se levantó, sacudiendo el polvo de su cuerpo—. Pero tienes razón, ahora que estás en el Reino de los Cuatro Polos, necesitas una gran cantidad de recursos divinos. Con solo unas cuantas hojas de té, no podrás avanzar mucho.
Ye Fan asintió. Desde que ingresó al Reino de los Cuatro Polos, sintió que la velocidad de su cultivo se había vuelto extremadamente lenta. El Cuerpo Santo necesitaba recursos mucho más allá de lo imaginable. Sin suficientes medicinas divinas y fuentes sagradas, sería difícil incluso romper un pequeño nivel.
—He oído que en la subasta de la Ciudad Santa aparecerán algunos tesoros raros —dijo Ye Fan—. Quiero ver si puedo conseguir algo útil.
—¿Subasta? —Los ojos del Emperador Negro se iluminaron—. He oído que esta vez hay muchos objetos buenos, incluso fragmentos de armas imperiales y antiguos rollos de escrituras sagradas. Si puedes conseguir uno, será un gran beneficio.
Ye Fan sonrió sin decir nada. Sabía muy bien que, aunque el té de la iluminación era valioso, no era suficiente para competir por tesoros de ese nivel. Pero si lograba venderlo a un buen precio, tal vez podría intercambiarlo por algunos recursos de nivel medio.
En ese momento, un anciano vestido con una túnica de dao se acercó desde lejos. Al ver a Ye Fan, se detuvo y lo saludó con una sonrisa.
—Joven amigo, he oído que tienes té de la iluminación en tus manos. ¿Estarías dispuesto a venderlo?
Ye Fan lo miró y notó que el anciano tenía una energía interna profunda y una respiración estable, claramente un experto de alto nivel.
—Así es, anciano. Tengo algunas hojas de té de la iluminación, pero el precio no es bajo.
El anciano rió con ganas.
—Joven amigo, no te preocupes. En la Ciudad Santa, lo que no falta son personas con recursos. Siempre que el té sea auténtico, el precio no será problema.
Ye Fan pensó un momento y luego sacó una pequeña caja de jade. Al abrirla, un aroma fragante se extendió por el aire, haciendo que el espíritu de quien lo oliera se sintiera renovado. En la caja yacían varias hojas de té verde esmeralda, brillando con un resplandor divino.
—Estas son hojas de té de la iluminación recién recogidas del Árbol de Té Antiguo de la Iluminación. Cada una contiene el poder del dao, capaz de ayudar a quien las beba a comprender los misterios del cielo y la tierra.
Los ojos del anciano se iluminaron al instante. Extendió la mano temblorosa para tocar las hojas de té, pero se contuvo.
—Bueno, realmente es té de la iluminación auténtico. —Tomó aliento profundamente—. Joven amigo, dime el precio.
Ye Fan levantó un dedo.
—Diez mil catties de fuente pura por una hoja.
—¿Diez mil catties? —El anciano frunció el ceño—. Eso es un poco caro, ¿no? Aunque el té de la iluminación es raro, este precio es comparable al de una escritura sagrada de nivel medio.
Ye Fan negó con la cabeza.
—Anciano, usted no lo sabe. Este té de la iluminación no solo ayuda a comprender el dao, sino que también contiene el poder de la vida, capaz de curar heridas ocultas y prolongar la vida. Si lo compara con una escritura sagrada, no es una exageración.
El anciano reflexionó por un momento y finalmente asintió.
—Está bien, compraré tres hojas. —Sacó un anillo de almacenamiento y lo entregó—. Aquí hay treinta mil catties de fuente pura. Puedes verificarlo.
Ye Fan tomó el anillo de almacenamiento, lo examinó con su sentido divino y sonrió satisfecho.
—Trato hecho.
Después de que el anciano se fue, el Emperador Negro se acercó y dijo en voz baja:
—Chico, eres bueno para los negocios. Treinta mil catties de fuente pura, eso es suficiente para que cultives durante un tiempo.
Ye Fan guardó el anillo de almacenamiento y dijo:
—Esto es solo el principio. Si puedo vender todo el lote de té de la iluminación, tal vez pueda permitirme participar en la subasta.
—¿Cuántas hojas tienes en total? —preguntó el Emperador Negro con curiosidad.
—Más de cien hojas. —Ye Fan sonrió misteriosamente—. Pero no las venderé todas de una vez. Hay que dosificarlas para que el precio se mantenga alto.
—Astuto, muy astuto. —El Emperador Negro movió la cola—. Pero tienes razón, si las vendes todas de golpe, el precio bajará. Mejor venderlas poco a poco para sacar el máximo beneficio.
Ye Fan asintió. Sabía que en este mundo de cultivo, los recursos eran la base del poder. Sin suficientes recursos, incluso un genio terminaría estancado. Y él, con su Cuerpo Santo, necesitaba aún más recursos que los demás.
—Vamos, vamos a la subasta —dijo Ye Fan levantándose—. Quiero ver qué tesoros hay esta vez.
El Emperador Negro lo siguió, moviendo la cola con alegría.
—Oye, si ves algo bueno, no olvides comprarme un poco de carne de bestia divina. Hace tiempo que no como algo decente.
Ye Fan sonrió sin decir nada. Sabía que este perro glotón siempre estaba pensando en comer, pero en momentos clave, era un compañero confiable.
Los dos bajaron de la montaña y se dirigieron hacia el centro de la Ciudad Santa. Allí, en una plaza enorme, ya se había montado un escenario de subasta, rodeado de una multitud de cultivadores. Había de todo, desde jóvenes discípulos hasta ancianos de cabello blanco, todos con los ojos brillantes, esperando la aparición de los tesoros.
Ye Fan encontró un lugar apartado y observó en silencio. Pronto, la subasta comenzó. El subastador era un anciano de mediana edad, con una voz clara y fuerte, que presentaba cada lote con gran habilidad.
—El primer lote: tres frutos de la medicina sagrada, capaces de curar heridas graves y aumentar la longevidad. El precio base es de cinco mil catties de fuente pura.
Apenas terminó de hablar, varias personas comenzaron a pujar. En poco tiempo, el precio subió a ocho mil catties y finalmente se vendió por nueve mil.
Ye Fan observaba con atención, evaluando en su mente el valor de cada lote. Aunque estos tesoros eran buenos, no eran lo que él necesitaba. Su objetivo eran objetos más raros, como fragmentos de armas imperiales o antiguos rollos de escrituras sagradas.
La subasta continuó. Aparecieron varios lotes más, incluyendo armas sagradas, medicinas divinas y minerales raros, pero ninguno logró despertar el interés de Ye Fan.
Hasta que el subastador anunció:
—El siguiente lote: un fragmento del arma imperial del Gran Emperador Wu Shi, que contiene el poder del dao del vacío. El precio base es de cincuenta mil catties de fuente pura.
Tan pronto como se anunció, un murmullo recorrió la multitud. Un fragmento de un arma imperial, aunque solo fuera un fragmento, era un tesoro invaluable. Si se lograba comprender el dao contenido en él, podría ser un gran avance en el cultivo.
Ye Fan también se conmovió. El Gran Emperador Wu Shi era una figura legendaria, y su arma imperial, la Campana Sin Principio, era una de las armas más poderosas del mundo. Incluso un fragmento de ella contenía un poder inimaginable.
—Cincuenta y cinco mil —gritó alguien.
—Sesenta mil —lo siguió otro.
El precio subió rápidamente, hasta llegar a ochenta mil catties. Ye Fan frunció el ceño. Aunque tenía treinta mil catties de fuente pura, más las que había ahorrado antes, apenas llegaba a cincuenta mil. No podía competir con esos grandes poderes.
Finalmente, el fragmento del arma imperial se vendió por noventa mil catties, siendo adquirido por un anciano de una familia antigua.
Ye Fan suspiró. Sabía que su fuerza financiera aún era insuficiente. Pero no se desanimó. Mientras tuviera el té de la iluminación, podría seguir acumulando recursos.
La subasta continuó. Aparecieron varios lotes más, incluyendo un antiguo rollo de la Escritura del Dao, un lote de esencia de plata Gran Luo, y un puñado de semillas de medicina divina. Cada lote despertó una feroz competencia, y los precios se dispararon.
Ye Fan observaba en silencio, tomando nota de cada tesoro. Sabía que, aunque no pudiera comprarlos ahora, algún día tendría la oportunidad.
Cuando la subasta estaba por terminar, el subastador anunció el último lote:
—El último lote: un antiguo mapa de las ruinas del Palacio Celestial, que se dice que contiene la ubicación del tesoro del Emperador Celestial. El precio base es de cien mil catties de fuente pura.
Tan pronto como se anunció, toda la plaza quedó en silencio. Luego, estalló un clamor ensordecedor. El tesoro del Emperador Celestial era un mito en el mundo del cultivo. Si se encontraba, podría cambiar el destino de cualquiera.
Ye Fan también se conmovió profundamente. El Emperador Celestial era el gobernante supremo del Antiguo Palacio Celestial, y su tesoro debía contener innumerables tesoros y escrituras sagradas. Si pudiera obtener ese mapa, tal vez podría encontrar una oportunidad para avanzar en su cultivo.
Sin embargo, el precio base de cien mil catties de fuente pura lo dejó sin aliento. Incluso si vendiera todo el té de la iluminación, no podría reunir esa cantidad.
—Parece que tendré que esperar otra oportunidad —murmuró Ye Fan con amargura.
El Emperador Negro, a su lado, dijo:
—No te desanimes, chico. El mundo del cultivo es vasto, siempre habrá oportunidades. Mientras tengas fuerza, no faltarán los recursos.
Ye Fan asintió. Sabía que el Emperador Negro tenía razón. En este mundo, la fuerza lo era todo. Mientras continuara avanzando, algún día podría obtener todo lo que deseara.
La subasta terminó. Ye Fan se retiró con el Emperador Negro, listo para continuar su viaje de cultivo. Sabía que el camino por delante sería largo y lleno de desafíos, pero también estaba lleno de oportunidades. Mientras persistiera, algún día alcanzaría la cima.