Capítulo 981: Cruzando la Tribulación Demoníaca - ¡Solicito votos mensuales de respaldo!
El cielo se oscureció de repente, como si un manto negro hubiera cubierto todo el firmamento. En lo alto, nubes de tormenta se arremolinaban, y relámpagos de color púrpura y rojo se entrecruzaban, emitiendo un rugido ensordecedor. La presión en el aire se volvió tan densa que casi se podía cortar con un cuchillo.
Ye Fan alzó la vista hacia el cielo, sus ojos brillaban con una luz fría. Sabía que esta tribulación no sería como las anteriores. Esta era una Tribulación Demoníaca, una prueba que incluso los antiguos sabios temían enfrentar. Pero él no tenía miedo. Desde que comenzó su camino de cultivo, había enfrentado innumerables desafíos, y cada vez había salido más fuerte.
—¡Vamos! —murmuró para sí mismo, apretando los puños. Su cuerpo santo comenzó a emitir un resplandor dorado, como si un sol hubiera nacido en su interior.
A su alrededor, el Gran Perro Negro y los demás retrocedieron varios pasos. Sabían que en un momento como este, lo mejor era no interferir. El Emperador Negro movió la cola y dijo:
—Pequeña hoja, ten cuidado. Esta tribulación no es para tomarla a la ligera.
—No te preocupes, perro muerto —respondió Ye Fan con una sonrisa—. He estado esperando este día.
De repente, un trueno ensordecedor sacudió el cielo. Un rayo de color púrpura, tan grueso como una cintura humana, cayó directamente sobre Ye Fan. Este no se movió, dejando que el rayo lo golpeara. Su cuerpo tembló ligeramente, pero la energía del rayo fue absorbida por su Cuerpo Santo, transformándose en poder para fortalecer sus huesos y músculos.
—¡Hum! —resopló, y una bocanada de aire negro salió de su boca. Esa era la impureza que el rayo había expulsado de su cuerpo.
Pero la tribulación no había terminado. Más rayos comenzaron a caer, cada vez más densos y poderosos. Algunos tomaban la forma de bestias antiguas, como dragones y fénix, que se abalanzaban sobre él con ferocidad. Otros se convertían en espadas y lanzas, buscando perforar su defensa.
Ye Fan activó el Puño de los Seis Reinos del Samsara. Sus puños se movían como montañas, rompiendo los rayos uno tras otro. Cada golpe hacía temblar el suelo, y el eco resonaba en los valles cercanos.
—¡Este chico es un monstruo! —exclamó Li Heishui desde la distancia, con los ojos muy abiertos—. ¿Quién más puede enfrentar una tribulación así con tanta calma?
—No es calma, es confianza —dijo el Gran Perro Negro, moviendo la cabeza—. Ha acumulado suficiente poder. Esta tribulación es solo un escalón más en su camino.
En ese momento, el cielo cambió de nuevo. Las nubes negras se abrieron, y una figura apareció en lo alto. Era un ser envuelto en llamas, con ojos que brillaban como estrellas. Su presencia era abrumadora, como si un dios hubiera descendido al mundo mortal.
—¿Un demonio celestial? —murmuró Ye Fan, frunciendo el ceño.
La figura extendió una mano, y un rayo de luz negra cayó hacia Ye Fan. Este sintió el peligro y dio un paso al costado, esquivando el ataque. El rayo impactó en el suelo, creando un cráter de varios metros de profundidad.
—¡Interesante! —dijo Ye Fan, con una sonrisa feroz en el rostro—. ¡Veamos quién es más fuerte!
Activó el Secreto del Andar, y su cuerpo se movió como una sombra, apareciendo frente a la figura en un instante. Sus puños brillaban con luz dorada, y golpeó directamente el pecho del demonio celestial.
El demonio rugió, y una barrera de llamas negras apareció frente a él, bloqueando el golpe. Pero Ye Fan no se detuvo. Usó el Secreto de la Totalidad, aumentando su poder al máximo, y su puño atravesó la barrera, impactando en el cuerpo del demonio.
—¡Ahhh! —el demonio celestial emitió un grito desgarrador, y su cuerpo comenzó a desintegrarse.
Pero antes de que desapareciera por completo, lanzó un último ataque. Una espada de luz negra, cargada con el poder de la aniquilación, voló hacia Ye Fan. Este no tuvo tiempo de esquivar, y la espada lo atravesó, dejando una herida profunda en su hombro.
La sangre brotó, pero Ye Fan no se inmutó. Su Cuerpo Dorado Indestructible comenzó a sanar la herida de inmediato, y en pocos segundos, solo quedaba una cicatriz.
—¿Eso es todo? —dijo, riendo—. ¡Pensé que sería más difícil!
El cielo comenzó a aclararse, y las nubes de tormenta se disiparon lentamente. La tribulación había terminado. Ye Fan sintió que su poder había aumentado considerablemente. Había roto otro límite, y ahora estaba más cerca del siguiente reino.
—¡Bien hecho, Pequeña hoja! —gritó Pang Bo desde lejos, agitando la mano—. ¡Eres un verdadero monstruo!
—No es para tanto —respondió Ye Fan, bajando al suelo—. Solo fue una tribulación más.
El Gran Perro Negro se acercó, moviendo la cola con alegría:
—No te hagas el modesto. Has cruzado la Tribulación Demoníaca. Ahora eres oficialmente un experto de nivel Santo. ¡Pronto podrás competir con esos viejos monstruos!
Ye Fan negó con la cabeza:
—Todavía falta mucho. El camino del cultivo es interminable. Solo he dado un paso más.
Miró hacia el horizonte, donde el sol comenzaba a salir. Sabía que aún había muchos desafíos por delante, pero no tenía miedo. Con su Cuerpo Santo y su determinación, estaba seguro de que podría superar cualquier obstáculo.
—Vamos —dijo, volviéndose hacia sus compañeros—. Tenemos que seguir adelante. El mundo es grande, y aún hay muchos secretos por descubrir.
Y así, el grupo continuó su viaje, dejando atrás el lugar de la tribulación. Pero en el cielo, una sombra fugaz observaba desde las alturas, con ojos llenos de malicia. La Tribulación Demoníaca había sido solo el comienzo. Lo peor aún estaba por venir.