Capítulo 978: Herejía - ¡Pidiendo votos mensuales para las últimas horas de este mes!
El cuerpo de Ye Fan tembló ligeramente, y una luz dorada brotó de sus ojos mientras miraba fijamente al Viejo Loco. Justo ahora, cuando el Viejo Loco pronunció esas palabras, sintió una conexión inexplicable, como si un hilo invisible lo atara a este anciano.
—Usted... ¿cómo lo sabe? —preguntó Ye Fan con voz ronca.
El Viejo Loco no respondió directamente. En cambio, levantó su mano arrugada y señaló hacia el cielo estrellado. Allí, en la inmensidad del cosmos, una luz tenue parpadeaba, como si fuera una estrella solitaria.
—Hace mucho, mucho tiempo, también hubo alguien que vino de allí —dijo el Viejo Loco con tono profundo—. Él era como tú, un Cuerpo Santo, pero su destino fue aún más trágico.
Ye Fan sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sabía que el Viejo Loco se refería al Gran Emperador Despiadado. Ese ser legendario que había desafiado los cielos y creado su propio camino, pero que al final había desaparecido en el polvo de la historia.
—¿El Gran Emperador Despiadado? —preguntó Ye Fan en voz baja.
El Viejo Loco asintió lentamente, sus ojos nublados por el paso del tiempo.
—Sí. Él también fue un hereje, un ser que se atrevió a desafiar las leyes del cielo. Pero al final, incluso él no pudo escapar de su destino.
Ye Fan apretó los puños. Sabía que el camino que había elegido estaba lleno de peligros, pero no se arrepentía. Desde el momento en que había despertado su Cuerpo Santo, había sabido que su vida no sería ordinaria.
—¿Qué quiere decir con "hereje"? —preguntó Ye Fan.
El Viejo Loco soltó una risa amarga.
—Hereje... es un término utilizado por aquellos que temen el cambio. En este mundo, la mayoría sigue el camino trazado por los antiguos, adorando a los Grandes Emperadores y siguiendo sus enseñanzas. Pero hay algunos que se atreven a romper las reglas, a crear su propio camino. Esos son los herejes.
—¿Y usted? —preguntó Ye Fan—. ¿También es un hereje?
El Viejo Loco negó con la cabeza.
—Yo solo soy un viejo loco que ha vivido demasiado tiempo. He visto el ascenso y la caída de imperios, el nacimiento y la muerte de estrellas. Pero nunca tuve el valor de convertirme en un verdadero hereje.
Ye Fan guardó silencio por un momento. Luego, levantó la cabeza y miró al Viejo Loco directamente a los ojos.
—Entonces, ¿qué debo hacer?
El Viejo Loco sonrió, una sonrisa que contenía tanto sabiduría como tristeza.
—Sigue tu propio camino, muchacho. No importa lo que digan los demás, no importa cuántos obstáculos encuentres. Si realmente quieres romper las cadenas del destino, debes tener el valor de ser un hereje.
Dicho esto, el Viejo Loco se dio la vuelta y comenzó a alejarse, su figura encorvada desapareciendo lentamente en la oscuridad.
—Espera —lo llamó Ye Fan—. ¿Adónde vas?
—A buscar mi propio destino —respondió el Viejo Loco sin mirar atrás—. Y tú, muchacho, también deberías seguir tu camino. El futuro de este mundo puede depender de ti.
Ye Fan observó cómo el Viejo Loco se alejaba, su corazón lleno de emociones encontradas. Sabía que las palabras del anciano habían tocado una fibra sensible en lo más profundo de su ser.
De repente, una voz resonó desde atrás.
—Hermano mayor Ye Fan, ¿estás bien?
Ye Fan se giró y vio a la Pequeña Nannan parada allí, sus grandes ojos llenos de preocupación.
—Estoy bien —dijo Ye Fan, forzando una sonrisa—. Solo estaba pensando en algunas cosas.
La Pequeña Nannan se acercó y tomó la mano de Ye Fan.
—Hermano mayor, no importa lo que pase, siempre estaré a tu lado.
Ye Fan sintió un calor en su corazón. Acarició la cabeza de la Pequeña Nannan y dijo:
—Gracias, Nannan.
En ese momento, una luz dorada brilló en el cielo, y una figura imponente descendió desde las alturas. Era el Emperador Negro, que había regresado de su exploración.
—Pequeño Ye, he encontrado algo interesante —dijo el Emperador Negro con una sonrisa misteriosa.
—¿Qué es? —preguntó Ye Fan.
El Emperador Negro extendió su pata y mostró un fragmento de jade antiguo, cubierto de runas misteriosas.
—Esto es un mapa —dijo el Emperador Negro—. Un mapa que lleva a un lugar llamado la "Tumba del Hereje".
Ye Fan sintió que su corazón latía más rápido. La Tumba del Hereje... ese era un lugar legendario, donde se decía que yacían los restos de aquellos que habían desafiado los cielos.
—¿Dónde está? —preguntó Ye Fan.
—En las profundidades del Dominio Estelar de la Osa Mayor —respondió el Emperador Negro—. Pero el camino está lleno de peligros. Se dice que incluso los Santos han perecido tratando de llegar allí.
Ye Fan guardó silencio por un momento. Luego, una luz decidida brilló en sus ojos.
—Vamos —dijo—. Quiero ver qué secretos esconde ese lugar.
El Emperador Negro asintió, y juntos, Ye Fan, la Pequeña Nannan y el Emperador Negro se dirigieron hacia el cielo estrellado, dejando atrás el mundo conocido para embarcarse en una nueva aventura.
En las profundidades del cosmos, una luz tenue parpadeaba, como si los llamara. Era el comienzo de un nuevo capítulo en la vida de Ye Fan, un capítulo lleno de peligros, pero también de esperanza.
Y en algún lugar del universo, el Viejo Loco observaba las estrellas, una sonrisa en sus labios.
—Ve, muchacho —murmuró—. Conviértete en el hereje que este mundo necesita.