Capítulo 485: ¿Un Santo?
En el vasto y antiguo desierto, Ye Fan y los demás avanzaban con cautela. El ambiente a su alrededor era tenso, y el aire parecía cargado de una presión invisible, como si una fuerza poderosa estuviera a punto de manifestarse en cualquier momento.
—Este lugar es extraño —murmuró el Gran Perro Negro, moviendo la cola con inquietud—. Huelo un aura antigua, algo que no debería estar aquí.
Ye Fan asintió, su mirada escaneando el horizonte. Habían estado viajando durante días, siguiendo las pistas dejadas por el Viejo Loco, pero el camino se volvía cada vez más peligroso. De repente, una luz cegadora estalló frente a ellos, y una figura emergió de entre las sombras.
Era un anciano de cabello blanco como la nieve, vestido con harapos, pero su presencia era abrumadora. A su alrededor, el espacio mismo parecía distorsionarse, y cada paso que daba dejaba una huella de energía divina en el suelo.
—¿Un... santo? —susurró Pang Bo, apretando los puños.
El anciano los miró con ojos profundos, como pozos sin fondo. No dijo una palabra, pero su mera existencia hizo que los cultivadores más jóvenes sintieran que sus almas temblaban. Incluso el Gran Perro Negro, normalmente arrogante, se encogió instintivamente.
—No es un santo común —dijo Ye Fan en voz baja, su Cuerpo Santo reaccionando ante la presión—. Este poder... es comparable al de un antiguo sabio.
El anciano finalmente habló, su voz resonando como truenos lejanos:
—Jóvenes, han llegado lejos. Pero este no es un lugar para mortales. Váyanse, antes de que sea demasiado tarde.
—Respetable anciano —dijo Ye Fan, inclinándose ligeramente—, buscamos el Camino Antiguo de la Raza Humana. ¿Podría guiarnos?
El anciano rió con amargura, una risa que llevaba ecos de incontables años de soledad.
—El Camino Antiguo... está sellado. Los que lo buscan solo encuentran la muerte. Pero tú... —sus ojos se fijaron en Ye Fan—, tú llevas el destino del Cuerpo Santo. Quizás tú seas diferente.
De repente, el cielo se oscureció. Una sombra gigante cubrió el sol, y una bestia colosal descendió desde las nubes. Era un dragón antiguo, sus escamas brillando con un resplandor dorado, y su rugido hizo temblar la tierra.
—¡Maldición! —gritó el Gran Perro Negro—. ¡Es un guardián del camino! ¡Este lugar está lleno de trampas!
El anciano santo levantó una mano, y un escudo de luz apareció frente a ellos, bloqueando el aliento de fuego del dragón.
—No teman —dijo con calma—. Este viejo aún tiene fuerzas para proteger a los jóvenes. Pero deben decidirse rápido: ¿avanzan o retroceden?
Ye Fan intercambió miradas con sus compañeros. Detrás de ellos, el camino de regreso estaba lleno de peligros. Adelante, el destino era incierto, pero la promesa del Camino Antiguo los llamaba.
—Avanzamos —dijo Ye Fan con firmeza.
El anciano sonrió, y por un momento, su rostro arrugado pareció iluminarse con un destello de juventud.
—Entonces, síganme. Les mostraré lo que queda de la gloria de antaño.
Mientras se adentraban en las profundidades del desierto, el Gran Perro Negro murmuró para sí mismo:
—Un santo... en estos tiempos. Las cosas se están poniendo interesantes.