Capítulo 593: La Espada del Gran Emperador, el Mapa de los Nueve Lí, el Vasija Devoradora de Cielos
El cielo se oscureció de repente, como si una tormenta estuviera a punto de desatarse. Una hoja de espada negra, de unos pocos metros de largo, apareció de la nada, cortando el vacío. Era la Espada del Gran Emperador, un arma imperial suprema que había sido sellada durante incontables años, y ahora emergía de nuevo en el mundo.
—¡La Espada del Gran Emperador! —exclamó alguien, con voz temblorosa.
En el horizonte, un resplandor dorado se extendió, y un mapa antiguo se desplegó lentamente. Era el Mapa de los Nueve Lí, un artefacto legendario que podía sellar el cielo y la tierra. En el otro extremo, una vasija negra, cubierta de runas misteriosas, flotaba en el aire, emitiendo un aura devoradora que hacía que todos los presentes sintieran escalofríos en la espalda. Era la Vasija Devoradora de Cielos, un arma temible que había causado estragos en la antigüedad.
Ye Fan estaba de pie en el centro de la batalla, su Cuerpo Santo brillaba con una luz dorada. Frente a él, tres armas imperiales lo rodeaban, cada una con un poder abrumador. La Espada del Gran Emperador cortaba el espacio, el Mapa de los Nueve Lí sellaba el tiempo, y la Vasija Devoradora de Cielos absorbía toda la energía a su alrededor.
—Tres armas imperiales al mismo tiempo... esto es una locura —murmuró el Gran Perro Negro, con los ojos muy abiertos.
El Emperador Negro, que estaba a su lado, gruñó:
—No es solo eso. Detrás de estas armas hay figuras poderosas. Alguien está manipulando todo esto.
De repente, una voz antigua resonó desde las profundidades del cielo:
—Ye Fan, entrega el Caldero de la Madre de Todas las Cosas y te dejaremos ir.
Ye Fan sonrió con desdén:
—¿Quién eres tú para exigirme algo? Si quieres el caldero, ven a buscarlo tú mismo.
La Espada del Gran Emperador se movió, cortando directamente hacia Ye Fan. Este no retrocedió; en su mano apareció el Puño de los Seis Reinos del Samsara, y lanzó un golpe directo. El choque entre el puño y la espada provocó una explosión de luz que iluminó todo el cielo.
—¡Boom!
El suelo se agrietó, y las montañas cercanas se derrumbaron. Ye Fan retrocedió varios pasos, pero logró detener el ataque. Sin embargo, sabía que esto era solo el comienzo.
El Mapa de los Nueve Lí comenzó a girar, liberando una presión que envolvía toda el área. Ye Fan sintió que su cuerpo se volvía pesado, como si estuviera atrapado en un mar de lodo. La Vasija Devoradora de Cielos, por su parte, empezó a absorber su energía vital.
—Maldición —maldijo Ye Fan, activando el Secreto del Andar para moverse rápidamente.
Pero las tres armas imperiales trabajaban en conjunto, formando una red de poder que era casi imposible de romper. Ye Fan sabía que necesitaba una estrategia diferente.
—¡Viejo Loco! —gritó hacia atrás.
El Viejo Loco, que estaba observando desde lejos, asintió y comenzó a formar sellos con sus manos. De repente, un rayo de luz divina cayó del cielo, golpeando directamente la Vasija Devoradora de Cielos. La vasija tembló, y su aura devoradora se debilitó por un momento.
—¡Ahora! —gritó Ye Fan.
Aprovechando la oportunidad, Ye Fan activó el Secreto de la Totalidad, aumentando su poder al máximo. Su cuerpo se cubrió de runas doradas, y lanzó un golpe directo contra la Espada del Gran Emperador.
—¡Puño del Emperador Celestial!
Un puño dorado, tan grande como una montaña, chocó contra la espada negra. El impacto fue tan violento que el espacio mismo se rompió, creando grietas en el vacío. La Espada del Gran Emperador fue repelida, y Ye Fan aprovechó para girar y atacar el Mapa de los Nueve Lí.
—¡Sello que Voltea el Cielo!
Un sello gigante apareció en el aire, aplastando el mapa. El Mapa de los Nueve Lí tembló, pero no se rompió. En su lugar, liberó una luz dorada que envolvió a Ye Fan.
—Cuidado —gritó el Emperador Negro—. Ese mapa está tratando de sellarte.
Ye Fan sintió que su cuerpo se volvía rígido, como si estuviera siendo atrapado por cadenas invisibles. Pero no se rindió. Concentró toda su energía en el Caldero de la Madre de Todas las Cosas, que comenzó a brillar en su pecho.
—¡Caldero, muéstrales tu poder!
El caldero emitió un rugido, liberando una ola de energía que rompió el sello del mapa. Ye Fan quedó libre, y de inmediato contraatacó.
—¡Gran Arte del Vacío!
Desapareció en el aire, y reapareció detrás de la Vasija Devoradora de Cielos. Con un golpe de su puño, golpeó la vasija, haciéndola vibrar violentamente.
—¡Basta! —rugió una voz desde el cielo.
Una figura apareció en el horizonte. Era un anciano de túnica negra, con una mirada fría y penetrante. Detrás de él, otras dos figuras emergieron, cada una con un aura poderosa.
—Tres figuras de nivel de Señor Santo —murmuró el Gran Perro Negro—. Esto se pone feo.
Ye Fan los miró con calma:
—Así que ustedes son los que están detrás de todo esto. ¿Qué quieren?
El anciano de túnica negra sonrió con desprecio:
—El Caldero de la Madre de Todas las Cosas no debería estar en manos de un joven como tú. Entrégalo, y te dejaremos vivir.
Ye Fan negó con la cabeza:
—No saben con quién se están metiendo.
De repente, una luz dorada brilló en el cielo, y una figura apareció al lado de Ye Fan. Era el Príncipe Santo, con su garrote de dientes de lobo en la mano.
—¿Necesitas ayuda, hermano? —preguntó el mono, con una sonrisa feroz.
Ye Fan sonrió:
—Siempre es bienvenida.
Detrás del Príncipe Santo, más figuras comenzaron a aparecer. El Emperador Negro, el Viejo Loco, el Monje Sinvergüenza, y muchos otros. Todos se reunieron alrededor de Ye Fan, listos para la batalla.
El anciano de túnica negra frunció el ceño:
—¿Creen que con más gente pueden ganar? Tenemos tres armas imperiales.
Ye Fan levantó el Caldero de la Madre de Todas las Cosas:
—Y yo tengo esto.
El caldero comenzó a brillar, liberando una luz que iluminaba todo el cielo. Las tres armas imperiales temblaron, como si reconocieran un poder superior.
—¿Qué... qué es esto? —preguntó el anciano, sorprendido.
Ye Fan sonrió:
—Esto es el poder de la Madre de Todas las Cosas. Ahora, ¿todavía quieren pelear?
El anciano dudó, pero finalmente dio un paso atrás:
—Esto no ha terminado, Ye Fan. Nos volveremos a ver.
Dicho esto, las tres figuras desaparecieron, llevándose las armas imperiales con ellas. El cielo volvió a la normalidad, y la batalla terminó.
Ye Fan suspiró, guardando el caldero. Sabía que esto era solo el comienzo de una guerra mucho más grande. Pero por ahora, había ganado.