Capítulo 3: El Antiguo Ataúd de Bronce

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Capítulo 3: El Antiguo Ataúd de Bronce

En la vasta y silenciosa llanura del Desierto del Este, Ye Fan y los demás finalmente lograron escapar de la Prohibición Antigua y Salvaje. Detrás de ellos, las Nueve Montañas Sagradas aún emitían un resplandor tenue, y el Gran Ataúd de Bronce yacía silenciosamente en la cima de la montaña, como si hubiera estado allí desde tiempos inmemoriales.

—¿Qué demonios fue eso? —preguntó Pang Bo, jadeando, con el rostro pálido—. Esos Nueve Dragones Arrastrando un Ataúd... parecían reales.

Ye Fan negó con la cabeza, su mirada profunda. No sabía cómo explicarlo. Todo había sido demasiado extraño. El antiguo ataúd de bronce, los cadáveres de dragón, y aquella fuerza aterradora que casi los devora.

—Este lugar es peligroso —dijo Li Xiaoman, con el ceño fruncido—. Debemos irnos lo antes posible.

Pero justo cuando estaban a punto de partir, una figura emergió lentamente de las sombras. Era un anciano de rostro arrugado, vestido con harapos, pero sus ojos brillaban con una luz penetrante, como si pudiera ver a través de sus almas.

—Jóvenes, habéis despertado algo que no debía ser despertado —dijo el anciano con voz ronca—. Ese ataúd... no es de este mundo.

—¿Quién eres? —preguntó Ye Fan, en guardia.

—Soy un guardián de este lugar —respondió el anciano—. He vivido aquí durante siglos, protegiendo el secreto de las Nueve Montañas Sagradas. Pero vosotros... habéis abierto una puerta que debería haber permanecido cerrada.

Ye Fan sintió un escalofrío recorrer su espalda. Recordó las inscripciones en el ataúd, los símbolos antiguos que parecían contar una historia de dioses y demonios.

—¿Qué hay dentro del ataúd? —preguntó.

El anciano guardó silencio por un momento, luego dijo:

—No es un ataúd. Es un sello. Un sello que mantiene encerrado a algo que ni siquiera los Grandes Emperadores Antiguos pudieron destruir.

—¿Los Grandes Emperadores Antiguos? —repitió Pang Bo, confundido.

—No sabéis nada de este mundo —dijo el anciano con una sonrisa amarga—. El Desierto del Este es solo una pequeña parte de la Región Estelar de la Osa Mayor. Más allá, hay reinos inmortales, Tierras Sagradas, y seres que pueden mover montañas y mares con un solo pensamiento.

Ye Fan apretó los puños. Desde que llegó a este mundo, había sentido que algo andaba mal. La energía aquí era diferente, más densa, más viva. Y ahora, este anciano le decía que había cosas mucho más allá de su comprensión.

—¿Qué debemos hacer? —preguntó.

—Iros —dijo el anciano—. Alejáos de este lugar y no volváis jamás. Pero recordad: el destino ya está sellado. El despertar del ataúd ha comenzado, y pronto, todo cambiará.

Dicho esto, el anciano desapareció en la niebla, dejando a Ye Fan y los demás sumidos en la confusión y el miedo.

—Vámonos —dijo Ye Fan finalmente—. Necesitamos encontrar un lugar seguro y entender qué está pasando.

Asintiendo, el grupo comenzó a caminar hacia el horizonte, dejando atrás las Nueve Montañas Sagradas y el misterioso ataúd de bronce. Pero en el corazón de Ye Fan, una pregunta persistía: ¿qué había realmente dentro de ese ataúd? Y más importante aún, ¿qué significaba todo esto para su futuro en este mundo desconocido?