Capítulo 594: Tortura en Todas sus Formas
Escenas de jugadores siendo torturados se combinaron para formar una gran película de sufrimiento variado…
**Valle del Dragón Volador.**
Un jugador se adentró por error, corriendo desesperadamente sin rumbo mientras una manada de dragones lo perseguía y golpeaba sin piedad, casi reventándole la cabeza.
De repente, vio frente a él el cadáver de un dragón gigante, y entre sus garras, dos objetos que brillaban con luz blanca.
El jugador, emocionado, corrió a recogerlos, pero justo en ese momento, ¡el cadáver del dragón se movió de repente!
La enorme cabeza del dragón se sacudió violentamente, ¡y la barra de vida del jugador se vació al instante!
—¡No mames, qué pedo?! ¿No se suponía que este dragón ya estaba muerto? ¡¿Ahora los monstruos también se hacen los muertos?!
**Torre de Vigilancia.**
Un jugador bajaba alegremente las escaleras cuando, de repente, apareció abajo un tipo fornido con armadura pesada.
—¡No manches, ¿ese no es Havel?!
El jugador se sorprendió. Habiendo jugado *Dark Souls*, claramente lo reconoció: era Havel, con su característico Gran Colmillo de Dragón al hombro.
Havel corrió directamente hacia el jugador, levantó el Gran Colmillo con ambas manos y lo estrelló contra el suelo.
Jugador, fin.
En el instante de su muerte, el jugador veía su propia muerte desde una perspectiva divina: el Gran Colmillo de Havel cayó de arriba abajo, destrozando todos los huesos del jugador con armadura ligera, torciéndolo de una manera completamente anticientífica…
Gracias al motor Pangu, el impacto se veía increíblemente realista. Al jugador le dolía hasta la mandíbula, como si pudiera oír el crujir de cada uno de sus huesos…
—¡Ay wey! ¿¡Por qué Havel está en la Torre de Vigilancia?! ¡¿No se suponía que aparecías hasta el final del juego?! —dijo el jugador, completamente desconcertado.
**Techo del Palacio Real.**
Un jugador avanzaba con cuidado.
Después de haber derrotado a los dos arqueros del palacio, ahora tenía un miedo terrible a las alturas.
Ya era suficiente con ser dominado por los arqueros del palacio en *Dark Souls*, ¡pero ni en la precuela podía escapar de ser acribillado a flechazos!
El techo del salón era extremadamente estrecho, solo una delgada columna, como un puente de tablón. La distancia hasta el suelo era enorme, y caerse significaba muerte segura.
Pero justo cuando avanzaba con cautela, una pintora apareció de repente corriendo hacia él, ¡y empezó a cortarlo sin piedad! Luego ambos cayeron, muriendo juntos…
El jugador estaba al borde del colapso, porque en primera persona, esa sensación de ser derribado era como experimentar una caída real desde las alturas, sintiendo incluso que sus tres piernas se debilitaban…
En *Dark Souls* también había niveles similares, pero claramente, el techo de la precuela era mucho más desesperante, porque era demasiado estrecho…
**Cueva del Gran Árbol.**
Un jugador caminaba con cuidado, escudo en mano, cuando de repente apareció frente a él un hongo corpulento.
—Oye, este hongo se ve bien lindo, no parece nada peligro…
Pero antes de que terminara la frase, el hongo ya había levantado su puño derecho y se lo estrelló directamente.
Con la representación del motor Pangu, el cuerpo del jugador voló como una cometa, estrellándose con fuerza contra la pared de al lado.
Luego cayó al suelo, y su barra de vida se vació al instante…
¡Muerte de un solo golpe!
El jugador se quedó pasmado: —¿Maestro Saitama? ¿Eres tú, Maestro Saitama? ¡Pero si llevo armadura pesada!
En ese momento, lo único que faltaba era un primer plano y cuatro palabras: “¡Ejecución de la Justicia!”
¡Esto es un hongo, y parece inofensivo y hasta tierno, pero te mata de un solo golpe?!
¡¿Acaso este puñetazo podría matar a un dragón directamente?!
Además, había otras escenas verdaderamente dementes que hacían dudar de la vida incluso a los jugadores más acostumbrados a *Dark Souls*…
Por ejemplo, el **Pueblo Enfermo**, un asentamiento enterrado en las profundidades, con una extensión vertical enorme y visibilidad muy baja. Los jugadores debían obtener el equipo de iluminación especial, el Gusano Solar, para poder pasar.
Además, estaba lleno de trampas geográficas absurdas y monstruos repugnantes, como aldeanos que disparaban dardos venenosos, gordos con grandes garrotes que soltaban excremento, y perros rabiosos que en grupo de tres mataban al instante…
Y lo peor: cualquier criatura, por pequeña que fuera, en el Pueblo Enfermo tenía veneno letal. Si te envenenaban, la vida bajaba como una montaña rusa. Sin el Escudo de la Telaraña y suficientes antídotos, era básicamente esperar la muerte.
Lo más aterrador era que, después de superar el Pueblo Enfermo, solo se había tocado la segunda campana. Apenas comenzaba el juego…
Luego estaban las trampas mortales de la **Ciudad de Sen**: el péndulo de hachas gigantes, el puente de tablón, el ascensor asesino… No se sabe cuántos jugadores estuvieron al borde del colapso aquí.
El **Cementerio de los Esqueletos**, con su cancha de baloncesto de gigantes esqueléticos y las ruedas rodantes… Los jugadores experimentaban la “diversión” de ser usados como balón por esqueletos gigantes y atropellados una y otra vez por ruedas…
El **Camino Invisible en la Cueva de Cristal**, un largo puente de tablón que solo se podía cruzar usando arcos o piedras de siete colores para tantear el camino. Un solo error y caías a una muerte sin redención…
La batalla contra el jefe **Cama del Caos**: lo más difícil no era esquivar sus ataques, sino evitar las trampas geográficas absurdas… El suelo estaba lleno de grietas, y un descuido significaba muerte instantánea.
Incluso en la **Ciudad de los No Muertos**, una zona para principiantes, había maldades ocultas sin fin.
Por ejemplo, en el salón donde se reunían en secreto los **48 Espadachines Maestros No Muertos**, capaces de matar en grupo. Y para colmo, un arzobispo les daba mejoras, ¿a poco no da miedo?
Un camino normal y corriente, y de repente tres aldeanos no muertos derribaban la puerta, y lo peor es que del otro lado salían dos perros, rodeándote por completo…
Y el más demente de todos: el **Puente del Dragón Volador**. Cada vez que un jugador pasaba, el dragón lanzaba una llamarada que barría todo el puente y lo mataba al instante. La única solución correcta era, al subir al puente, correr inmediatamente, y justo cuando el fuego estuviera a punto de quemarte el trasero, girar a la derecha y saltar a un hueco del puente para sobrevivir.
Y lo más cruel de todo: en la precuela de *Dark Souls*, ¡antes de obtener el **Recipiente Real**, las hogueras no se podían usar para teletransportarse!
Objetos como el **Fragmento de Hueso de Retorno** solo devolvían al jugador a la última hoguera donde había descansado, no directamente al Santuario de Enlace de Fuego.
Muchos jugadores estaban al borde del colapso por esta mecánica. ¡Había que imaginarse lo tedioso que era correr desde la guarida de Quelaag o el Pueblo Enfermo de vuelta al Santuario de Enlace de Fuego, y si morías en el camino, tenías que empezar de cero!
Claro, para los jugadores expertos no era gran problema, pero para la mayoría era una tortura. Así que, en tres días, el progreso de los jugadores variaba enormemente: muchos veteranos ya estaban enfrentando a jefes con nombre como el Rey Esqueleto Nito o la Cama del Caos, mientras que la mayoría aún sufría como perros tratando de tocar las dos campanas…
Incluso muchos jugadores que ya se consideraban masoquistas empezaban a dudar de sí mismos…
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