Chapter 2179: Opiniones Diversas Dentro del Templo

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Chapter 2179: Opiniones Diversas Dentro del Templo

Dentro del templo, la luz era tenue y las llamas de las velas parpadeaban, proyectando sombras danzantes sobre los muros de piedra. Un grupo de personas se encontraba reunido alrededor de una mesa de piedra, sus rostros iluminados de manera intermitente por el fuego.

"¿Qué opinan de esto?" preguntó un hombre de mediana edad, su voz grave resonando en el espacio cerrado.

A su lado, una mujer de pelo corto frunció el ceño. "La información que obtuvimos no es suficiente. Solo sabemos que el objeto está en el centro del templo, pero no conocemos su naturaleza exacta."

"¿Acaso no dijeron que era un objeto de teletransporte espacial?" terció otro, un joven de complexión delgada.

"Eso es lo que dice el rumor," respondió la mujer de pelo corto. "Pero los rumores no siempre son ciertos. Podría ser cualquier cosa, desde un objeto de lugar hasta un contenedor."

El hombre de mediana edad asintió lentamente. "Tiene razón. Debemos ser cautelosos. En este tipo de situaciones, la información errónea puede costarnos la vida."

"Entonces, ¿qué propone?" preguntó el joven delgado.

"Primero, debemos observar. No actuar precipitadamente. Hay otros grupos aquí también, y todos buscan lo mismo."

"¿Cree que habrá un enfrentamiento?" preguntó la mujer de pelo corto.

"Es posible. Pero también es posible que podamos cooperar. Todo depende de cómo se desarrollen las cosas."

En el otro extremo del templo, otro grupo conversaba en voz baja. Un hombre con barba poblada hablaba con una joven de pelo rosa.

"¿Ya viste el altar?" preguntó el hombre barbudo.

"Sí," respondió la joven de pelo rosa. "Hay un símbolo extraño tallado en él. No lo reconocí."

"¿Podría ser un sello de algún tipo?"

"Quizás. O quizás sea una advertencia."

El hombre barbudo se rascó la barbilla. "¿Una advertencia de qué?"

"No lo sé. Pero si fuera fácil de obtener, no habría tantos grupos aquí."

"Tienes razón. Esto no será sencillo."

En el centro del templo, un anciano de cabello blanco se encontraba de pie frente al altar, observando los símbolos tallados con atención. A su lado, un joven de aspecto serio esperaba en silencio.

"¿Qué ve, maestro?" preguntó finalmente el joven.

El anciano no respondió de inmediato. Sus dedos recorrieron las líneas talladas en la piedra, como si intentara descifrar un mensaje oculto.

"Estos símbolos... son antiguos," dijo al fin. "Muy antiguos. Más antiguos que cualquier cosa que haya visto antes."

"¿Qué significan?"

"Eso es lo que estoy tratando de descubrir. Pero hay algo que me preocupa."

"¿Qué es?"

El anciano se volvió hacia el joven, sus ojos brillando con una luz extraña. "Estos símbolos no solo están en el altar. También están en las paredes, en el techo, en el piso. Todo el templo está cubierto de ellos."

"¿Eso qué significa?"

"Significa que este lugar no es solo un templo. Es un sello. Y lo que sea que esté sellado aquí... no sé si deberíamos despertarlo."

En un rincón oscuro del templo, una figura encapuchada observaba todo en silencio. Sus ojos, visibles bajo la capucha, escaneaban cada rincón del lugar, cada persona presente, cada movimiento.

"Interesante," murmuró para sí misma. "Todos buscan el tesoro, pero ninguno se da cuenta de lo que realmente hay aquí."

Se giró lentamente, su mirada fijándose en el altar central. Una sonrisa apenas perceptible se dibujó en sus labios.

"Pero yo sí lo sé. Y cuando llegue el momento... estaré lista."

En el exterior del templo, la noche había caído por completo. La luna brillaba en lo alto, iluminando el paisaje desolado que rodeaba la estructura antigua. Un grupo de personas acampaba a cierta distancia, sus fogatas crepitando en la oscuridad.

"¿Crees que podremos entrar mañana?" preguntó una joven, sentada junto al fuego.

"Si todo sale según lo planeado," respondió un hombre mayor. "Pero no será fácil. Hay muchos grupos compitiendo por lo mismo."

"¿Y si no podemos obtenerlo?"

El hombre mayor guardó silencio por un momento. Luego, con una voz sombría, respondió:

"Entonces tendremos que encontrar otra manera. Porque no podemos permitir que ese objeto caiga en las manos equivocadas."

La joven asintió, su mirada fija en las llamas danzantes. "Entiendo."

"Bien. Descansa ahora. Mañana será un día largo."

En lo alto del templo, una figura solitaria se encontraba en la cúspide, observando el campamento a lo lejos. Sus ojos, fríos y calculadores, analizaban cada movimiento de los grupos reunidos.

"Todos buscan lo mismo," murmuró. "Pero solo uno puede obtenerlo."

Sacó un objeto pequeño de su bolsillo, un cristal que brillaba con una luz tenue. Lo sostuvo contra la luz de la luna, observando cómo los reflejos danzaban en su superficie.

"Y ese uno... seré yo."

Guardó el cristal y se desvaneció en las sombras, dejando solo el viento nocturno como testigo de su presencia.

Dentro del templo, el anciano de cabello blanco continuaba examinando los símbolos. Su discípulo permanecía a su lado, esperando pacientemente.

"Maestro," dijo el joven finalmente. "¿Qué debemos hacer?"

El anciano suspiró. "Por ahora, solo observar. Hay demasiadas incógnitas. Necesitamos más información antes de actuar."

"¿Y si otros actúan primero?"

"Entonces dejaremos que lo hagan. A veces, la mejor estrategia es esperar y ver qué sucede."

"Pero..."

"Lo sé. Es frustrante. Pero la paciencia es una virtud, especialmente en situaciones como esta. Apresurarse solo conduce a errores."

El joven asintió, aunque su expresión mostraba cierta impaciencia. "Como diga, maestro."

El anciano sonrió levemente. "No te preocupes. Llegará nuestro momento. Solo debemos estar listos cuando llegue."

En el otro extremo del templo, la figura encapuchada se movía sigilosamente entre las sombras, acercándose al altar central. Sus dedos rozaron la superficie de piedra, sintiendo la textura de los símbolos tallados.

"Interesante," murmuró. "Muy interesante."

Sacó un pequeño instrumento de su capa y lo colocó sobre uno de los símbolos. El instrumento emitió un zumbido suave, y una luz tenue comenzó a brillar en su superficie.

"Como sospechaba. Este sello... está activo."

Retiró el instrumento y lo guardó. Luego, con un movimiento rápido, se desvaneció en las sombras, desapareciendo sin dejar rastro.

En el campamento exterior, la joven se había quedado dormida junto al fuego. El hombre mayor permanecía despierto, observando las estrellas con una expresión pensativa.

"Mañana," murmuró. "Mañana sabremos la verdad."

En lo alto del templo, la figura solitaria había regresado, observando el horizonte con una mirada distante. En su mano, el cristal brillaba con una luz cada vez más intensa.

"El momento se acerca," dijo en voz baja. "Y cuando llegue... nada será igual."

La noche continuó su curso, y el templo permaneció en silencio, guardando sus secretos bajo la luz de la luna. Pero en su interior, las piezas ya se estaban moviendo, y pronto, todo cambiaría.