Chapter 2178: Opiniones Encontradas Dentro del Templo
La luz dorada se filtraba a través de las grietas del techo del antiguo templo, iluminando partículas de polvo que flotaban perezosamente en el aire. El interior del santuario era más espacioso de lo que sugería su exterior, con columnas de piedra cubiertas de inscripciones desgastadas por el tiempo que se alzaban hacia la oscuridad superior.
Xu Huo se detuvo justo dentro del umbral, sus ojos recorriendo cada rincón del lugar con cautela. A su lado, los demás miembros del grupo también se habían detenido, evaluando la situación.
—Esto es más grande de lo que esperaba —murmuró la Jugadora de Pelo Corto, ajustando su agarre sobre el arma.
—El templo no aparece en los mapas del juego —dijo Lawrence Li, con el ceño fruncido mientras consultaba su Panel personal—. Es un lugar oculto.
—Eso significa que probablemente sea importante —intervino Carol Field, dando un paso adelante con determinación.
El interior estaba dividido en varias secciones. En el centro, una estatua de piedra de una figura desconocida se alzaba sobre un pedestal circular, con los brazos extendidos como si ofreciera algo invisible. Alrededor de la estatua, había círculos concéntricos tallados en el suelo, cada uno con símbolos que nadie en el grupo podía descifrar.
—¿Alguien reconoce estos símbolos? —preguntó Asis Werner, arrodillándose para examinar más de cerca las marcas en el suelo.
—No son del idioma del juego —respondió Carmen Field, negando con la cabeza—. Al menos, no de ninguna variante que haya visto antes.
—Quizás sean más antiguos —sugirió Huahan Werner, tocando suavemente una de las inscripciones en una columna cercana—. Esto podría ser anterior a la creación del juego.
La declaración provocó un momento de silencio entre ellos. La idea de que algo existiera antes del juego era... inquietante.
—No importa qué tan antiguo sea —dijo Xu Huo finalmente, su voz calmada pero firme—. Lo que importa es qué hay aquí que valga la pena encontrar.
Comenzaron a explorar el templo en diferentes direcciones, manteniéndose dentro de la vista de los demás. Las paredes estaban adornadas con relieves que representaban escenas de batallas, figuras humanas luchando contra criaturas deformes, y lo que parecía ser la caída de una gran ciudad.
—Estos relieves cuentan una historia —observó la Jugadora de Pelo Corto, pasando los dedos por las tallas—. Parece una guerra.
—O una invasión —añadió Lawrence Li, señalando una sección donde las figuras humanas parecían estar huyendo.
—Miren esto —llamó Carol Field desde el otro lado del templo.
Se acercaron para ver lo que había encontrado: una puerta de piedra parcialmente abierta, con un resplandor azulado que se filtraba por la rendija.
—¿Alguien más siente eso? —preguntó Asis Werner, frunciendo el ceño—. Como una... vibración.
—Sí —confirmó Huahan Werner—. Es energía espacial. Muy concentrada.
Xu Huo se acercó a la puerta, examinando el marco y las marcas alrededor. A diferencia del resto del templo, estas marcas eran más recientes, casi como si alguien las hubiera añadido después.
—Alguien ha estado aquí —dijo—. Recientemente.
—¿Podría ser una trampa? —preguntó Carmen Field, con la mano lista sobre su arma.
—Podría ser —admitió Xu Huo—. Pero también podría ser la razón por la que este templo está oculto.
Empujó la puerta, que se abrió con un gemido de piedra contra piedra. Detrás, un pasillo descendía en espiral hacia las profundidades, iluminado por el mismo resplandor azulado.
—Voy a bajar —anunció Xu Huo.
—¿Solo? —preguntó Lawrence Li, sorprendido.
—Ustedes quédense aquí y vigilen la entrada —dijo Xu Huo—. Si algo sale mal, sabrán que deben irse.
—No me gusta esta idea —dijo Carol Field, cruzando los brazos.
—No te estoy pidiendo que te guste —respondió Xu Huo, y sin esperar más, comenzó a descender por el pasillo.
El descenso fue más largo de lo esperado. Las paredes del pasillo estaban cubiertas con el mismo tipo de inscripciones que arriba, pero aquí estaban más completas, mejor conservadas. Xu Huo las examinó mientras caminaba, tratando de encontrar algún patrón.
Llegó a una cámara circular al final del pasillo. En el centro, flotando a unos metros del suelo, había un objeto que emitía el resplandor azulado: un cristal del tamaño de un puño, con formas geométricas girando lentamente en su interior.
—Interesante —murmuró Xu Huo, acercándose con cautela.
Antes de que pudiera tocarlo, una voz resonó en la cámara:
—Has llegado.
Xu Huo se giró bruscamente, su Cuchilla de Rayo Espacial materializándose en su mano. Pero no había nadie visible.
—¿Quién habla? —preguntó, escaneando la habitación.
—No importa quién soy —respondió la voz, que parecía venir de todas partes a la vez—. Lo que importa es lo que has encontrado.
—¿Este cristal? —Xu Huo señaló el objeto flotante.
—Es un fragmento del núcleo original del juego —dijo la voz—. Uno de los muchos que fueron dispersados cuando el sistema colapsó.
Xu Huo frunció el ceño.
—¿El sistema colapsó? ¿Qué sistema?
—El que creó todo esto —respondió la voz—. El que mantiene el equilibrio entre los mundos. Sin él, el juego se está desmoronando lentamente.
—¿Y qué se supone que debo hacer con esto? —preguntó Xu Huo, sin apartar los ojos del cristal.
—Eso depende de ti —dijo la voz—. Puedes tomarlo y usarlo para tu propio beneficio. O puedes dejarlo aquí, donde nadie más lo encontrará.
—¿Y si lo tomo? ¿Qué pasa?
—El cristal te dará poder —respondió la voz—. Pero también te marcará. Otros buscarán ese poder. Y no todos serán tan amables como yo.
Xu Huo consideró las palabras durante un largo momento. Luego, sin vacilar, extendió la mano y tomó el cristal.
La energía azul lo envolvió instantáneamente, y por un momento, sintió como si su mente se expandiera más allá de los límites de su cuerpo. Vio destellos de imágenes: ciudades en llamas, criaturas monstruosas, personas corriendo. Y luego, tan rápido como había comenzado, la visión se desvaneció.
Cuando abrió los ojos, el cristal estaba en su mano, ahora con un brillo más tenue, como si hubiera transferido parte de su energía.
—Interesante elección —dijo la voz, ahora con un tono de aprobación—. Que tengas suerte con lo que viene.
La voz se desvaneció, y Xu Huo se quedó solo en la cámara, con el cristal palpitando suavemente en su palma.
Arriba, en el templo principal, los demás esperaban con impaciencia.
—¿Cuánto tiempo lleva? —preguntó la Jugadora de Pelo Corto, mirando hacia el pasillo.
—Demasiado —respondió Carol Field, con los brazos cruzados—. Debería haber vuelto ya.
—Quizás encontró algo —sugirió Huahan Werner, aunque su tono no era del todo convincente.
—O quizás algo lo encontró a él —dijo Asis Werner sombríamente.
Justo cuando estaban a punto de ir a buscarlo, Xu Huo emergió del pasillo, el cristal azul brillando en su mano.
—¿Qué es eso? —preguntó Lawrence Li, acercándose para examinarlo.
—Un fragmento del núcleo original del juego —respondió Xu Huo, mostrándoles el cristal—. Al menos, eso es lo que me dijeron.
—¿Quién te lo dijo? —preguntó Carmen Field, con el ceño fruncido.
—Una voz —dijo Xu Huo—. No vi a nadie, pero me habló. Dijo que el sistema que creó el juego colapsó, y que estos fragmentos fueron dispersados.
—¿Y qué planeas hacer con eso? —preguntó la Jugadora de Pelo Corto.
Xu Huo miró el cristal por un momento antes de guardarlo en su inventario.
—Por ahora, guardarlo —dijo—. Pero si lo que dijo la voz es cierto, esto podría ser la clave para entender qué está pasando realmente con el juego.
—¿Y si es una trampa? —insistió Carmen Field—. ¿Y si ese cristal está maldito o algo así?
—Entonces ya estaría muerto —respondió Xu Huo con una ligera sonrisa—. Pero no lo estoy. Así que supongo que es seguro... por ahora.
El grupo intercambió miradas, pero nadie discutió más. Si Xu Huo confiaba en su juicio, ellos harían lo mismo.
Mientras salían del templo, Xu Huo no pudo evitar mirar hacia atrás una vez más. El edificio se alzaba silencioso contra el cielo, sus secretos ahora parcialmente revelados. Pero había algo en la forma en que la voz había hablado, en la manera en que había dicho "que tengas suerte con lo que viene", que le decía que esto era solo el comienzo.
Algo grande se acercaba. Y ahora, con el cristal en su poder, estaba en el centro de ello.