Capítulo 35: Este es un apuesto joven maestro
Zhang Ruochen y Huang Yanchen se quedaron en la posada por tres días. Durante este tiempo, Huang Yanchen se recuperó por completo de sus heridas, y Zhang Ruochen también había logrado avances en su cultivo.
En estos tres días, Zhang Ruochen no solo había estado recuperándose, sino que también había estado pensando en cómo encontrar el "Mapa del Árbol Divino Qiankun". Después de todo, este mapa era un tesoro extremadamente importante, y si caía en manos de personas malintencionadas, las consecuencias serían desastrosas.
Sin embargo, la información que tenían era demasiado limitada. Solo sabían que el mapa estaba en la "Ciudad Real de las Cien Tribus", pero no tenían ni idea de quién lo tenía ni dónde estaba exactamente.
—Hermano mayor Zhang, ¿qué vamos a hacer ahora? —preguntó Huang Yanchen, con un toque de preocupación en su voz.
Zhang Ruochen reflexionó por un momento y dijo:
—Ya que no tenemos pistas, lo mejor será ir primero a la Ciudad Real de las Cien Tribus y buscar información allí.
—De acuerdo, te acompañaré —dijo Huang Yanchen con firmeza.
Zhang Ruochen asintió. Los dos empacaron sus pertenencias y salieron de la posada.
La Ciudad Real de las Cien Tribus era una ciudad muy próspera, con cientos de razas viviendo en ella. Era un lugar donde se mezclaban todo tipo de culturas y poderes. Al llegar a la ciudad, Zhang Ruochen y Huang Yanchen sintieron inmediatamente una atmósfera vibrante y bulliciosa.
Las calles estaban llenas de puestos y tiendas, y por todas partes se veían cultivadores de diferentes razas. Algunos tenían cuernos en la cabeza, otros tenían colas, y algunos incluso tenían alas. Era un espectáculo realmente extraño y diverso.
—Esta ciudad es realmente animada —dijo Huang Yanchen, mirando a su alrededor con curiosidad.
Zhang Ruochen sonrió y dijo:
—Sí, la Ciudad Real de las Cien Tribus es uno de los lugares más prósperos de todo el Reino del Infierno. Aquí se reúnen todo tipo de razas y poderes, y la información es muy fluida. Si queremos encontrar el mapa, este es el mejor lugar para empezar.
Los dos caminaron por la calle principal y pronto llegaron a una casa de empeños muy grande. Esta casa de empeños se llamaba "Salón de Primera del Mercado Negro", y era una de las fuerzas más poderosas de la Ciudad Real de las Cien Tribus.
—He oído que el Salón de Primera del Mercado Negro tiene todo tipo de tesoros y objetos raros. Tal vez aquí podamos encontrar alguna pista sobre el mapa —dijo Zhang Ruochen.
Huang Yanchen asintió y dijo:
—Vamos a entrar y echar un vistazo.
Los dos entraron en el Salón de Primera del Mercado Negro. El interior era aún más lujoso de lo que imaginaban. Las paredes estaban decoradas con todo tipo de piedras preciosas y cristales espirituales, y el suelo estaba hecho de jade de alta calidad. En las estanterías se exhibían todo tipo de tesoros, desde armas sagradas hasta medicinas divinas, pasando por todo tipo de objetos extraños.
Un joven empleado se acercó y preguntó cortésmente:
—Dos amigos, ¿qué desean? ¿Quieren comprar algo o vender algo?
Zhang Ruochen dijo:
—Queremos buscar un objeto.
—¿Qué objeto? —preguntó el empleado.
—Un mapa —respondió Zhang Ruochen—. El Mapa del Árbol Divino Qiankun.
Al oír esto, la expresión del empleado cambió ligeramente, pero rápidamente volvió a la normalidad. Dijo:
—Lo siento, amigos, en nuestro Salón de Primera del Mercado Negro no tenemos ese tipo de objetos. Tal vez deberían buscar en otro lado.
Zhang Ruochen entrecerró los ojos. La reacción del empleado le pareció extraña. Parecía que este Salón de Primera del Mercado Negro sabía algo sobre el mapa, pero no quería decirlo.
—Está bien, entonces lo dejamos para otra ocasión —dijo Zhang Ruochen, y se dio la vuelta para irse.
Justo cuando estaban a punto de salir, una voz ronca sonó desde atrás:
—Dos jóvenes, quédense un momento.
Zhang Ruochen y Huang Yanchen se dieron la vuelta y vieron a un anciano de mediana edad, vestido con una túnica negra, que se acercaba lentamente. El anciano tenía una mirada profunda y una energía poderosa que claramente indicaba que era un experto.
—Soy el dueño de este Salón de Primera del Mercado Negro, pueden llamarme Viejo Li —dijo el anciano con una sonrisa—. Acabo de oír que ustedes estaban buscando el Mapa del Árbol Divino Qiankun. ¿Es cierto?
—Así es —respondió Zhang Ruochen con cautela.
El Viejo Li sonrió y dijo:
—Ese mapa es un objeto muy valioso. No es algo que se pueda encontrar fácilmente. Sin embargo, yo tengo alguna información al respecto. Si están interesados, podemos hablar en privado.
Zhang Ruochen y Huang Yanchen intercambiaron una mirada y luego asintieron.
—De acuerdo, entonces hablemos en privado —dijo Zhang Ruochen.
El Viejo Li los llevó a una sala privada en la parte trasera. La sala estaba decorada con un gusto exquisito, con muebles de madera de agar y cuadros colgados en las paredes.
—Siéntense, por favor —dijo el Viejo Li, indicándoles que tomaran asiento.
Zhang Ruochen y Huang Yanchen se sentaron. El Viejo Li también se sentó y sirvió té para los dos.
—Señor Viejo Li, ¿qué información tiene sobre el Mapa del Árbol Divino Qiankun? —preguntó Zhang Ruochen directamente.
El Viejo Li tomó un sorbo de té y dijo lentamente:
—Ese mapa, hace unos días, apareció en una subasta en la Ciudad Real de las Cien Tribus. Finalmente, fue comprado por un joven maestro de una gran familia.
—¿Un joven maestro? ¿De qué familia? —preguntó Zhang Ruochen.
El Viejo Li negó con la cabeza y dijo:
—Eso no lo sé con certeza. Solo sé que ese joven maestro es muy apuesto, viste ropas blancas y tiene una espada en la cintura. Parece ser un experto en el camino de la espada.
Zhang Ruochen reflexionó por un momento. Esta descripción le recordó a alguien.
—Gracias por la información, Señor Viejo Li —dijo Zhang Ruochen, levantándose.
—De nada —dijo el Viejo Li con una sonrisa—. Si necesitan algo más, no duden en venir a buscarme.
Zhang Ruochen y Huang Yanchen salieron del Salón de Primera del Mercado Negro. Huang Yanchen preguntó:
—Hermano mayor Zhang, ¿tienes alguna idea de quién puede ser ese joven maestro?
Zhang Ruochen asintió y dijo:
—Sí, tengo una corazonada. Vamos a buscar a esa persona.
Los dos comenzaron a buscar por la Ciudad Real de las Cien Tribus. Preguntaron en muchos lugares, pero nadie sabía quién era ese joven maestro vestido de blanco.
Justo cuando estaban a punto de rendirse, vieron a un grupo de personas discutiendo en una calle. Se acercaron y oyeron que hablaban de un joven maestro muy apuesto que había aparecido en la ciudad.
—He oído que ese joven maestro es un experto en el camino de la espada. Ayer, en la Arena de la Ciudad, derrotó a varios maestros de la espada de un solo golpe —dijo una persona.
—Sí, también lo he oído. Dicen que es muy guapo, como un inmortal caído del cielo —dijo otra persona.
Zhang Ruochen y Huang Yanchen intercambiaron una mirada. Esta persona probablemente era la que estaban buscando.
—¿Saben dónde está ese joven maestro ahora? —preguntó Zhang Ruochen.
—He oído que se aloja en el Pabellón de la Brisa Fragante, en la calle este —respondió una persona.
—Gracias —dijo Zhang Ruochen, y se fue rápidamente con Huang Yanchen hacia el Pabellón de la Brisa Fragante.
El Pabellón de la Brisa Fragante era una posada muy lujosa. Cuando llegaron, vieron a un joven vestido de blanco sentado en el salón, bebiendo té. El joven era realmente muy apuesto, con una tez blanca como el jade y rasgos finos. Llevaba una espada en la cintura y desprendía un aura de elegancia y nobleza.
Zhang Ruochen se acercó y dijo cortésmente:
—Disculpe, ¿es usted el joven maestro que compró el Mapa del Árbol Divino Qiankun?
El joven levantó la cabeza, miró a Zhang Ruochen y una leve sonrisa apareció en sus labios.
—Así es, ¿y tú quién eres?
—Soy Zhang Ruochen, y esta es mi compañera, Huang Yanchen. Queremos comprarle ese mapa —dijo Zhang Ruochen directamente.
El joven soltó una risa suave y dijo:
—Ese mapa es un objeto muy valioso. ¿Estás seguro de que puedes pagarlo?
—Pon el precio —dijo Zhang Ruochen con calma.
El joven lo miró fijamente por un momento y luego dijo:
—No me interesa el dinero. Si quieres el mapa, tendrás que ganármelo en un duelo de espadas.
—¿Un duelo de espadas? —Zhang Ruochen frunció el ceño ligeramente.
—Así es —dijo el joven, levantándose—. Si puedes derrotarme con la espada, te daré el mapa gratis. Pero si pierdes, tendrás que pagarme con algo equivalente.
Zhang Ruochen reflexionó por un momento y luego asintió.
—De acuerdo, acepto el desafío.