26. El Joven Ciervo Primero
El viento nocturno soplaba, llevando consigo un leve aroma a sangre.
Zhang Ruochen estaba de pie en la cima de una colina, con la mirada fija en la ciudad iluminada a lo lejos. Las luces parpadeaban como estrellas, pero en su interior solo había una calma helada.
—Han pasado tres días desde que entré en este campo de batalla de méritos —murmuró para sí mismo—. Los verdaderos maestros aún no han aparecido.
De repente, una ráfaga de viento pasó detrás de él.
Sin girarse, Zhang Ruochen alzó la mano derecha y cinco rayos de luz dorada surgieron de sus dedos, formando una barrera de energía.
—¡Bang!
Una figura negra chocó contra la barrera y fue repelida, dejando una marca de diez metros en el suelo.
—¿Quién eres? —preguntó Zhang Ruochen con calma.
De la nube de polvo surgió una risa ronca:
—Jeje, el famoso Zhang Ruochen, el hijo del cielo del Reino Kunlun. No esperaba que tuvieras una percepción tan aguda.
Un hombre alto y delgado emergió lentamente. Vestía una túnica negra, su rostro estaba cubierto por una máscara de bronce, y en su mano sostenía una espada larga y estrecha que emitía un resplandor verdoso.
—Eres del Salón de Primera del Mercado Negro —dijo Zhang Ruochen entrecerrando los ojos—. La Organización de la Medida realmente me tiene en la mira.
—No es que te tengan en la mira —respondió el hombre de la máscara de bronce mientras acariciaba el filo de su espada—, es que tu cabeza vale demasiado. Quinientas mil monedas de mérito, cualquiera se tentaría.
—¿Quinientas mil? —Zhang Ruochen sonrió ligeramente—. Parece que me estoy devaluando. La última vez que escuché, eran ochocientas mil.
—Eso fue antes. Ahora que has matado a tres Santos del Reino del Cielo, tu precio ha subido. Pero no importa, con matarte hoy me basta.
Apenas terminó de hablar, el hombre de la máscara de bronce desapareció.
Al instante siguiente, una espada verde apareció silenciosamente detrás de la nuca de Zhang Ruochen.
¡Tan rápido!
Zhang Ruochen no se movió, pero su cuerpo se volvió borroso. La espada atravesó su sombra, y al mismo tiempo, su puño derecho ya había golpeado el pecho del enemigo.
—¡Puño del Rey Inamovible de la Luz!
Una luz dorada explotó, y el hombre de la máscara de bronce fue enviado volando hacia atrás, dejando un surco de cien metros en el suelo.
—¿Cómo es posible? —exclamó con incredulidad—. ¿Has alcanzado el Reino del Rey Santo de Nueve Pasos?
—No —respondió Zhang Ruochen con indiferencia—, solo estoy en el Reino de las Cien Ataduras, pero he abierto ochenta y siete ataduras.
—Ochenta y siete... —el hombre de la máscara de bronce tragó saliva—. Maldita sea, eres un monstruo.
Sabía muy bien que un cultivador ordinario del Reino de las Cien Ataduras solo podía abrir entre treinta y cuarenta ataduras. Incluso un genio del nivel de un hijo del cielo apenas llegaba a sesenta. Pero ochenta y siete... eso ya era un nivel legendario.
—Ya que has venido, quédate —dijo Zhang Ruochen mientras extendía la mano derecha y la Espada Antigua del Abismo Profundo aparecía en su palma.
—¡Espera! —gritó el hombre de la máscara de bronce—. Si me matas, la Organización de la Medida enviará a alguien más fuerte. ¿Por qué no negociamos?
—¿Negociar? —Zhang Ruochen negó con la cabeza—. No tengo tiempo para perder contigo.
Su espada se movió.
Un rayo de luz cortó la noche.
El hombre de la máscara de bronce quiso esquivar, pero descubrió que el espacio a su alrededor se había congelado. No podía moverse ni un centímetro.
—¡Espacio... Reglas Espaciales! —sus ojos se abrieron de par en par—. ¡Eres un heredero del tiempo y el espacio!
—Demasiado tarde para darte cuenta.
La espada cayó.
La cabeza del hombre de la máscara de bronce voló por los aires, y su cuerpo cayó al suelo.
Zhang Ruochen guardó la espada y se agachó para revisar el cadáver. Encontró un anillo espacial, dentro del cual había algunos recursos de cultivo y una carta.
Abrió la carta y la leyó rápidamente.
—Hum... La Organización de la Medida ha enviado a tres asesinos de nivel Santo para cazarme. Además, hay un experto del Reino Ilimitado observando en las sombras.
Una chispa de peligro brilló en sus ojos.
—Parece que este campo de batalla de méritos no será tan sencillo.
De repente, sintió una poderosa aura que se acercaba desde el este.
Levantó la cabeza y vio una luz dorada surcando el cielo nocturno como un meteoro, dirigiéndose directamente hacia él.
—¿Otro que viene a morir? —murmuró Zhang Ruochen mientras ajustaba su postura.
Pero cuando la luz dorada se detuvo, vio a una joven vestida con una túnica blanca como la nieve, de pie sobre una nube. Su cabello largo flotaba al viento, y su rostro era tan hermoso como el de un hada.
—¿Huang Yanchen? —Zhang Ruochen se sorprendió.
—¿Sorprendido? —Huang Yanchen sonrió ligeramente—. He estado buscándote por todo el campo de batalla.
—¿Me buscas a mí? —Zhang Ruochen frunció el ceño—. ¿Para qué?
—El Templo del Destino ha emitido una nueva misión —dijo Huang Yanchen mientras sacaba un rollo de jade y se lo lanzaba—. Míralo tú mismo.
Zhang Ruochen lo atrapó, lo abrió y lo leyó. Su expresión se volvió seria.
—¿Capturar vivo al noveno príncipe del Reino del Cielo? ¿Está el Templo del Destino loco? Ese tipo es un Santo del Reino Supremo.
—Por eso vine a buscarte —dijo Huang Yanchen—. Sola no puedo, y tú eres el único en quien puedo confiar.
Zhang Ruochen guardó el rollo de jade y reflexionó un momento.
—Está bien, pero tengo una condición.
—Dime.
—Después de esta misión, me darás el Corazón de la Verdad que tienes.
El rostro de Huang Yanchen cambió ligeramente.
—¿El Corazón de la Verdad? ¿Sabes lo valioso que es?
—Lo sé —respondió Zhang Ruochen con calma—. Pero para mí, es más importante que cualquier tesoro.
Huang Yanchen lo miró fijamente durante un largo rato, y finalmente asintió.
—Trato hecho.
Los dos intercambiaron miradas, y una sonrisa de complicidad apareció en sus labios.
En la noche, dos figuras desaparecieron juntas, dirigiéndose hacia las profundidades del campo de batalla.
Detrás de ellos, en la oscuridad, un par de ojos rojos como la sangre observaban en silencio.
—Interesante, muy interesante —una voz ronca resonó en la noche—. El heredero del tiempo y el espacio, y la discípula del Templo de la Verdad. Esta cacería promete ser divertida.