Capítulo 20: Su Jie-sama
Su Jie, el joven que había estado en silencio todo este tiempo, finalmente habló. Su voz era tranquila, pero llevaba una autoridad innata que hizo que todos en la sala se callaran instantáneamente.
—Maestro Zhang, he oído hablar mucho de usted —dijo Su Jie, inclinándose ligeramente hacia Zhang Ruochen—. Su reputación en el Reino Kunlun es bien conocida.
Zhang Ruochen entrecerró los ojos, evaluando al joven frente a él. Podía sentir una energía oculta y profunda emanando de Su Jie, algo que no era común en un cultivador de su edad.
—¿Y tú quién eres? —preguntó Zhang Ruochen directamente, sin rodeos.
Su Jie sonrió levemente, pero no había calidez en esa sonrisa.
—Soy solo un estudiante del Salón de Primera del Mercado Negro. He venido a presentar mis respetos al famoso Zhang Ruochen.
El ambiente en la sala se tensó aún más. El nombre del Salón de Primera del Mercado Negro no era desconocido para nadie presente. Era una de las Diez Grandes Fuerzas Oscuras, una organización que operaba en las sombras del universo.
—El Salón de Primera del Mercado Negro... —murmuró Huang Yanchen, colocándose instintivamente al lado de Zhang Ruochen, su mano rozando el mango de su espada.
—No te preocupes, señorita Huang —dijo Su Jie, levantando las manos en un gesto de paz—. No he venido con malas intenciones. Solo quiero tener una conversación con el maestro Zhang.
Zhang Ruochen estudió a Su Jie por un largo momento. Podía sentir que este joven era diferente de los demás discípulos del Salón de Primera. Había una profundidad en sus ojos, una sabiduría que no coincidía con su aparente juventud.
—Habla —dijo Zhang Ruochen finalmente.
Su Jie asintió, agradecido.
—He oído que el maestro Zhang posee el Mapa del Árbol Divino Qiankun y la Torre de las Setenta y Dos Capas. También he oído que ha dominado el Camino del Tiempo y el Camino del Espacio, convirtiéndose en el Heredero del Tiempo y el Espacio.
—Continúa —dijo Zhang Ruochen, su expresión impasible.
—El Salón de Primera del Mercado Negro tiene una propuesta para usted —dijo Su Jie, su tono volviéndose serio—. Queremos invitarlo a unirse a nosotros. A cambio, le ofreceremos recursos ilimitados, acceso a nuestros secretos más profundos, y protección contra sus enemigos.
Una risa fría resonó en la sala. Era Chi Xingtian, que había estado observando en silencio desde un rincón.
—¿Protección? —dijo Chi Xingtian, burlón—. ¿Crees que Zhang Ruochen necesita protección de ustedes, ratas del Mercado Negro?
Su Jie no se inmutó ante el insulto.
—Señor Chi Xingtian, entiendo su escepticismo. Pero el Salón de Primera del Mercado Negro no es una organización común. Tenemos recursos que ni siquiera el Templo del Destino posee. Y tenemos información... información que podría interesar mucho al maestro Zhang.
—¿Qué tipo de información? —preguntó Zhang Ruochen.
Su Jie sonrió misteriosamente.
—Información sobre el paradero de la Emperatriz Chi Yao. Información sobre los planes de la Facción del Reino Celestial. E información sobre... el Ancestro del Inframundo.
El nombre del Ancestro del Inframundo hizo que todos en la sala se estremecieran. Incluso Zhang Ruochen, que había enfrentado a innumerables enemigos, sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—¿Qué sabes del Ancestro del Inframundo? —preguntó Zhang Ruochen, su voz ahora fría como el hielo.
—Sé que está despertando —dijo Su Jie, su voz bajando a un susurro—. Y sé que cuando lo haga, todo el universo cambiará. El Salón de Primera del Mercado Negro quiere estar preparado para ese día. Y queremos que usted esté con nosotros.
Zhang Ruochen guardó silencio por un largo momento. Finalmente, habló:
—Tu oferta es interesante, Su Jie. Pero tengo una pregunta.
—Pregunte lo que quiera, maestro Zhang.
—¿Por qué yo? ¿Por qué el Salón de Primera del Mercado Negro está tan interesado en un simple cultivador del Reino Kunlun?
Su Jie rió suavemente.
—¿Simple cultivador? Maestro Zhang, usted es el portador del Mapa del Árbol Divino Qiankun, el heredero del Santo Monje Sumeru, el hombre que ha desafiado al Templo del Destino y ha sobrevivido. Usted no es un simple cultivador. Usted es una pieza clave en el tablero cósmico.
—Y el Salón de Primera del Mercado Negro quiere esa pieza para sí mismo —dijo Zhang Ruochen.
—Exactamente —confirmó Su Jie—. Pero no queremos usarlo como una pieza. Queremos que sea nuestro aliado. Nuestro igual.
Zhang Ruochen negó con la cabeza.
—Lo siento, Su Jie. Pero no tengo interés en unirme a ninguna organización. He tenido suficientes problemas con facciones y conspiraciones.
Su Jie suspiró, como si hubiera esperado esa respuesta.
—Entiendo, maestro Zhang. Pero permítame dejarle algo para que lo considere.
Sacó un pequeño pergamino de su túnica y lo colocó sobre la mesa.
—Esto contiene información sobre los movimientos recientes de la Facción del Reino Celestial. Y también... algo sobre el paradero de la hija de la Emperatriz Chi Yao.
Los ojos de Zhang Ruochen se estrecharon. La hija de Chi Yao... Chi Kongle. Esa era una información que le interesaba profundamente.
—¿Por qué debería confiar en ti? —preguntó Zhang Ruochen.
—Porque no tengo razón para mentirle —dijo Su Jie—. Y porque, aunque no quiera unirse a nosotros, espero que al menos considere nuestra oferta como una posibilidad futura. El universo está cambiando, maestro Zhang. Pronto, todos tendremos que elegir un bando.
Dicho esto, Su Jie se inclinó respetuosamente y se giró para irse.
—Su Jie —lo llamó Zhang Ruochen.
El joven se detuvo.
—Dile a tus superiores en el Salón de Primera del Mercado Negro que consideraré su oferta. Pero si intentan jugar conmigo, se arrepentirán.
Su Jie sonrió.
—Eso es exactamente lo que les dije que respondería. Hasta pronto, maestro Zhang.
Y con esas palabras, Su Jie desapareció, desvaneciéndose en las sombras como si nunca hubiera estado allí.
Huang Yanchen se acercó a Zhang Ruochen.
—¿Vas a considerar realmente su oferta?
Zhang Ruochen recogió el pergamino de la mesa.
—Por ahora, solo voy a leer lo que me ha dado. Pero tienes razón en ser cautelosa. El Salón de Primera del Mercado Negro no es una organización confiable.
—Entonces, ¿por qué aceptaste su oferta? —preguntó Chi Xingtian, frunciendo el ceño.
—Porque la información que me ha dado podría ser útil —dijo Zhang Ruochen—. Y porque, en estos tiempos, necesitamos todas las ventajas que podamos obtener.
Abrió el pergamino y comenzó a leer. Su expresión se volvió sombría a medida que avanzaba.
—¿Qué dice? —preguntó Huang Yanchen.
Zhang Ruochen enrolló el pergamino y lo guardó en su Anillo Espacial.
—Dice que la Facción del Reino Celestial está planeando un ataque a gran escala contra el Reino Kunlun. Y que Chi Kongle... está siendo retenida en el Templo del Destino.
El ambiente en la sala se volvió pesado. La mención del Templo del Destino trajo recuerdos amargos para todos los presentes.
—Entonces, ¿qué haremos? —preguntó Huang Yanchen.
Zhang Ruochen miró hacia el horizonte, donde el sol se ponía sobre las montañas distantes.
—Iremos al Templo del Destino. Y recuperaremos a Chi Kongle.
—Pero el Templo del Destino es una fortaleza —dijo Chi Xingtian—. Atacarlo directamente sería una locura.
—No atacaremos directamente —dijo Zhang Ruochen—. Usaremos... métodos más sutiles.
Una sonrisa peligrosa se formó en sus labios.
—Después de todo, tengo algunos asuntos pendientes con el Templo del Destino. Y es hora de que empiece a cobrármelos.