Capítulo 855: La Mejor Recompensa
“Shhh, shhh, shhh…”
Después de un momento de estática, apareció una imagen en la pantalla de la vieja televisión en blanco y negro.
El Viejo Pudo confirmar que era Mary, porque su rostro era idéntico al de María, solo que su ropa y peinado eran más tradicionales y conservadores.
—¿Otra vez grabando? Ay, caray…
Mary sonrió a la cámara, agitó la mano y se sentó en una silla junto a la cama.
—No sé por qué, pero me encanta este lugar.
—Es muy tranquilo.
—Ya te dije antes, este lugar solía ser un santuario…
—Ahora entiendo por qué.
—Es una lástima que tengamos que irnos…
—Prométeme que me traerás de vuelta, ¿sí? ¡Cof, cof!…
Mary se acercó a la cámara con ilusión, pero de repente no pudo contener la tos.
Luego, la imagen en la televisión se volvió caótica, con fragmentos incompletos pasando a toda velocidad. No se sabía si era la grabación o los recuerdos en la mente del protagonista.
O tal vez, la grabación y los recuerdos del protagonista se mezclaban, entrelazados, imposibles de distinguir…
Entre los fragmentos desordenados, había imágenes de Mary mirando por la ventana, pensativa, y otras de Mary acostada en la cama mientras el protagonista la cuidaba con esmero…
Pero también había una escena muy aterradora.
Junto a la cama de Mary, el protagonista se levantó de repente, bloqueando la cámara.
En medio del caos de imágenes, una figura borrosa pareció alcanzar algo junto a la cabecera de la cama y luego se abalanzó sobre ella…
La televisión solo mostraba estática.
Y el protagonista, como si hubiera perdido toda su fuerza, estaba sentado frente al televisor, con la cabeza caída sin fuerzas, mirando al suelo.
El Viejo Pudo no podía moverse ni cambiar el ángulo de visión; solo podía, como el protagonista, quedarse inmóvil, mirando fijamente el suelo, escuchando el shhh de la televisión en blanco y negro, como… un muerto.
La pequeña Laura entró corriendo y le preguntó al protagonista si había encontrado a Mary. Al verlo inmóvil, le dio un suave empujón en el hombro.
La visión del Viejo Pudo se tambaleó, pero seguía mirando al suelo, sin moverse, sin escuchar.
Después de un largo rato, el protagonista levantó la cabeza.
—Laura, Mary se ha ido… ha muerto.
Laura gritó:
—¡No, mientes! Ella… ¿ella murió? ¿De enfermedad?
El protagonista negó con la cabeza.
—No… fui yo quien la mató.
…
…
Hacia el final del juego, todo se volvió aún más caótico.
Pero el Viejo Pudo empezó a entender un poco la verdad.
Mary no había muerto de enfermedad; el protagonista la había matado con sus propias manos.
Porque Mary tenía una enfermedad incurable, postrada en cama durante tres años, sufriendo sin remedio, solo esperando la muerte.
Esa vida desesperante hizo que Mary se enfureciera con todos a su alrededor, especialmente con el protagonista, James.
Y James también estaba agotado por esa vida, al punto de querer huir, de tener miedo de ver a Mary.
Hasta que un día, Mary le dijo a James que ya no soportaba más el dolor, que quería morir.
James la ayudó a acabar con su sufrimiento, pero ese recuerdo era demasiado doloroso para él, así que lo enterró en lo profundo de su mente, recordando solo que Mary había muerto de enfermedad.
Y Silent Hill era un lugar aterrador que podía materializar todas las emociones negativas de una persona. Así que, cuando James llegó a Silent Hill, todo lo que vio —las escenas extrañas, los monstruos horribles, todo lo que vivió…
En realidad, no era más que la manifestación de su lado oscuro interior.
Al final del juego, el Viejo Pudo finalmente derrotó al aterrador Pyramid Head y mató al monstruo en que se había convertido María.
Por fin, James pareció viajar en el tiempo, regresando al lecho de enferma de Mary, teniendo una última conversación con ella, ya muerta.
Mary yacía en la cama, demacrada, consumida por el dolor hasta quedar irreconocible.
James: —Lo siento…
Mary tosió dos veces: —Te dije que yo quería morir, James. Quería acabar con este sufrimiento.
James: —Por eso lo hice, no podía verte sufrir…
James hizo una pausa y negó con la cabeza: —No, esa no es toda la verdad. También dijiste que no querías morir… La verdad es que una parte de mí te odiaba, te odiaba por haberme quitado mi vida…
Mary lo interrumpió: —Me mataste y has sufrido por ello. Ya basta, James…
James tomó a Mary muerta en sus brazos y salió de la habitación.
En la oscuridad, la voz de James resonó en los oídos del Viejo Pudo.
—Ahora lo sé, la verdadera razón por la que vine a este pueblo.
—¿Qué tengo que temer?
—Mary, sin ti, no tengo nada…
Un fuerte chirrido de llantas, de lejos a cerca…
—Ahora, por fin, podemos estar juntos para siempre…
El perfil de James apareció en la visión del Viejo Pudo, pero con los ojos cerrados, en paz. En el fondo de un agua silenciosa, la voz de Mary, tranquila, leyó la carta que le había escrito a James.
—En un sueño interminable, vi ese pueblo, Silent Hill.
…
—Al principio, cuando supe que me moría, me negué a aceptarlo.
—Me enfurecí con todos a mi alrededor, especialmente contigo, James.
—Así que, si realmente me odias, lo entiendo.
—Pero quiero que sepas…
—Siempre te amaré, James.
…
—Tú diste tanto, y yo no pude devolverlo.
—Así que espero que vivas para ti mismo.
—Piensa en ti, James.
…
—James…
—Me haces sentir… tan feliz…
En la escena final, todo era oscuridad. La música de fondo, “Promise”, seguía resonando en los oídos del Viejo Pudo, pero esa pieza de guitarra parecía tener un significado completamente diferente.
Al escucharla al principio, daba escalofríos, ponía la piel de gallina. Aunque era una melodía algo alegre, escondía una extrañeza indescriptible.
Pero al escucharla ahora, parecía… tener un toque de profunda tristeza y melancolía.
Esta vez, en la oscuridad, el Viejo Pudo no salió del juego de inmediato, sino que se quedó viendo en silencio todos los créditos, escuchando esa canción, “Promise”.
Y los espectadores en los comentarios también estaban inmersos en la trama del juego; los mensajes en el chat eran sorprendentemente unánimes.
—¡Aaaaaah! ¡Esta historia!
—QwQ, ¡qué emotivo!
—¿Qué demonios? ¿No es un juego de terror? ¡¿Por qué estoy llorando?!
—Gracias, Viejo Pudo, por traernos un juego tan increíble. Si lo hubiera jugado yo solo, no me habría atrevido. ¡Gracias por llevarnos hasta el final!
—¡Estoy destrozado! ¿Esa última canción se llama “Promise”? Qué bonita…
…
Después de completar todo el juego, el Viejo Pudo regresó al espacio de inicio de la cabina de realidad virtual.
Entonces, apareció una ventana frente a él: como uno de los primeros diez mil en completar “Silent Hill”, recibiría como recompensa seis juegos a elegir en todas las plataformas.
Pero el Viejo Pudo sintió de repente que esa recompensa ya no era tan importante.
Poder superar un juego como “Silent Hill”, esa experiencia en sí misma… ¿no era ya la mejor recompensa?