Chapter 2255: Prisión Espacial
El espacio alrededor de Xu Huo se distorsionó de repente, como si el mundo entero estuviera siendo comprimido en un punto diminuto. Sintió que su cuerpo era jalado hacia una fuerza invisible, y en un abrir y cerrar de ojos, el paisaje ante él cambió por completo.
Ya no estaba en el pasaje subterráneo.
Frente a él se extendía un espacio grisáceo e infinito, sin cielo ni suelo, solo una niebla interminable que flotaba en todas direcciones. En la distancia, se podían ver estructuras similares a jaulas flotando en el vacío, cada una conteniendo una figura humana. Algunos estaban sentados en silencio, otros deambulaban sin rumbo, y algunos incluso golpeaban los barrotes de sus celdas con desesperación.
—¿Prisión espacial? —murmuró Xu Huo, observando su entorno.
Una voz fría resonó a su lado:
—Exactamente. Bienvenido a la prisión espacial del Gobierno del Juego.
Xu Huo se giró y vio a un hombre de mediana edad de pie a unos pocos metros. Llevaba un uniforme del Gobierno del Juego, con una insignia plateada en el pecho que indicaba su rango como inspector.
—¿Inspector? —Xu Huo entrecerró los ojos—. ¿Por qué me han traído aquí?
—Porque has violado las reglas del juego —respondió el inspector con tono monótono—. Como jugador sin Boleto, no tienes derecho a interferir en los asuntos de los jugadores con Boleto. Tu intervención en la mazmorra anterior ha causado un desequilibrio en el sistema.
—¿Desequilibrio? —Xu Huo soltó una risa ligera—. Solo estaba protegiendo a alguien.
—Las reglas son las reglas —dijo el inspector, sacudiendo la cabeza—. No importa tu motivo. Ahora, permanecerás aquí hasta que el Gobierno del Juego decida tu destino.
Dicho esto, el inspector desapareció en un destello de luz.
Xu Huo observó el espacio vacío a su alrededor. A diferencia de las prisiones ordinarias, esta prisión espacial no tenía barrotes ni muros. En cambio, el espacio en sí mismo estaba distorsionado, creando una barrera invisible que atrapaba a los prisioneros. Cada celda era un espacio plegado, aislado del mundo exterior.
—Interesante —murmuró Xu Huo, extendiendo la mano para tocar la barrera invisible. Su palma encontró resistencia, como si estuviera presionando contra una pared de vidrio grueso.
—No pierdas el tiempo —dijo una voz desde la celda vecina.
Xu Huo se giró y vio a un hombre joven sentado en el suelo, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados. Tenía el pelo desaliñado y la ropa sucia, como si hubiera estado aquí durante mucho tiempo.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí? —preguntó Xu Huo.
—No lo sé —respondió el hombre sin abrir los ojos—. El tiempo no fluye normalmente en este lugar. Podrían ser días, meses o años.
—¿No has intentado escapar?
—Escapar? —El hombre finalmente abrió los ojos, revelando una mirada cansada—. He intentado de todo. Pero esta prisión está hecha de espacio plegado. Incluso si tienes poder espacial, no puedes atravesarla. Es como intentar salir de un espejo.
Xu Huo guardó silencio por un momento, luego levantó la mano y comenzó a trazar líneas en el aire. Su poder espacial se activó, creando pequeñas distorsiones en la barrera. Pero cada vez que intentaba abrir una brecha, el espacio se recomponía instantáneamente.
—Te lo dije —dijo el hombre con una sonrisa amarga—. Es inútil.
—Quizás no —dijo Xu Huo, con una chispa de determinación en los ojos—. Solo necesito encontrar el punto débil.
Cerró los ojos y extendió su percepción espiritual. El espacio a su alrededor se volvió claro en su mente: cada pliegue, cada distorsión, cada punto de tensión. La prisión era como un cubo de origami, con innumerables capas superpuestas.
—Ahí —murmuró, abriendo los ojos y fijando su mirada en un punto específico de la barrera.
Con un movimiento rápido, Xu Huo canalizó su poder espacial hacia ese punto. La barrera tembló, y una pequeña grieta apareció en la superficie. Pero antes de que pudiera ampliarla, la grieta se cerró de nuevo.
—Maldición —maldijo Xu Huo, frunciendo el ceño.
—Te dije que era inútil —dijo el hombre, sacudiendo la cabeza—. Mejor acostúmbrate a este lugar. Es tu nuevo hogar.
Xu Huo no respondió. En cambio, se sentó en el suelo y comenzó a pensar. Si la prisión espacial era un espacio plegado, entonces necesitaba encontrar una manera de desplegarlo. Pero eso requeriría un poder mucho mayor del que tenía actualmente.
—¿Qué tipo de poder tienes? —preguntó Xu Huo de repente.
—¿Yo? —El hombre se encogió de hombros—. Soy un evolucionador mental. Puedo leer pensamientos y manipular emociones. Pero eso no sirve de nada aquí.
—¿Evolucionador mental? —Xu Huo entrecerró los ojos—. Entonces puedes comunicarte con otros prisioneros.
—¿Y qué? —El hombre parecía confundido—. ¿Qué importa eso?
—Necesito saber cuántos prisioneros hay aquí y si alguno tiene poder espacial o temporal —dijo Xu Huo—. Si podemos combinar nuestros poderes, quizás podamos encontrar una salida.
El hombre lo miró con escepticismo, pero finalmente asintió. Cerró los ojos y extendió su percepción mental. Después de un momento, abrió los ojos con una expresión extraña.
—Hay más de cien prisioneros aquí —dijo—. La mayoría son jugadores que violaron las reglas. Pero hay uno... uno que es diferente.
—¿Diferente? —preguntó Xu Huo.
—Es un evolucionador temporal —dijo el hombre, bajando la voz—. Está en la celda más profunda, la más alejada de aquí. Dicen que intentó alterar el flujo del tiempo dentro de una mazmorra. El Gobierno del Juego lo capturó y lo encerró aquí.
Xu Huo sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. Un evolucionador temporal... Eso era exactamente lo que necesitaba.
—¿Puedes contactarlo? —preguntó.
—Puedo intentarlo —dijo el hombre—. Pero no prometo nada. Su mente está... rota. Ha estado solo durante demasiado tiempo.
—Inténtalo —insistió Xu Huo—. Dile que tenemos un plan para escapar.
El hombre asintió y cerró los ojos de nuevo. Pasaron varios minutos en silencio. Finalmente, abrió los ojos con una expresión sombría.
—Dice que está interesado —dijo—. Pero quiere saber una cosa: ¿por qué debería confiar en ti?
Xu Huo sonrió. —Dile que soy alguien que no se rinde fácilmente. Y que si queremos salir de aquí, necesitamos trabajar juntos.
El hombre transmitió el mensaje. Después de un momento, asintió.
—Dice que está de acuerdo. Pero hay una condición: cuando salgamos, lo ayudaremos a vengarse del Gobierno del Juego.
—Trato hecho —dijo Xu Huo sin dudar.
Una sonrisa apareció en el rostro del hombre. —Entonces tenemos un plan. Pero necesitaremos más que solo nosotros tres. Hay otros prisioneros que podrían ser útiles.
—Entonces hagámoslo —dijo Xu Huo, con determinación en sus ojos—. Reunamos a todos los que quieran escapar.
El hombre asintió y comenzó a extender su percepción mental hacia las otras celdas. Uno por uno, los prisioneros comenzaron a despertar de su letargo, sus mentes conectándose a través del poder del evolucionador mental.
Xu Huo observó la barrera invisible frente a él, una sonrisa fría curvando sus labios.
—Gobierno del Juego —murmuró—. Creen que pueden encerrarme aquí para siempre. Pero están equivocados.
En la distancia, en la celda más profunda de la prisión espacial, una figura encadenada abrió los ojos. Sus pupilas brillaron con un destello plateado, y una sonrisa siniestra se extendió por su rostro.
—Finalmente —susurró—. Alguien que vale la pena.
El plan de escape había comenzado.