Chapter 2184: Amenazas desde la Mazmorra

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Chapter 2184: Amenazas desde la Mazmorra

En la sala de conferencias del edificio gubernamental, la atmósfera era tensa.

Frente a la pantalla de proyección, un hombre de mediana edad vestido con un traje oscuro señaló los datos que aparecían en ella y dijo con voz grave:

—Según la información que recibimos hace una hora, el grupo de jugadores que entró en la mazmorra de alto riesgo "Ciudad de Cuentos de Bloques" aún no ha enviado ninguna señal de regreso. El tiempo de la mazmorra ya superó el límite establecido.

—¿Podría ser que estén atrapados dentro? —preguntó otro funcionario con el ceño fruncido.

—No es solo eso —el hombre de mediana edad negó con la cabeza—. El sistema de la mazmorra nos envió un mensaje automático. Dice que el interior de la mazmorra ha sufrido un cambio anómalo, y que todos los jugadores que quedaron dentro han sido marcados como "objetivos de caza".

Un silencio se extendió por la sala.

—¿Objetivos de caza? —repitió alguien en voz baja.

—Sí. Y lo más preocupante es que el mensaje también incluía una advertencia: si no enviamos refuerzos antes de que termine el plazo, la mazmorra liberará una "amenaza" hacia el exterior.

—¿Una amenaza? ¿Qué tipo de amenaza?

El hombre de mediana edad apretó los labios y luego dijo:

—No lo especifica. Pero según los registros de mazmorras similares, cuando una mazmorra de alto riesgo emite este tipo de advertencia, generalmente significa que el contenido interno se desbordará hacia la zona segura.

—¿Quieres decir que las criaturas de la mazmorra podrían salir?

—Exacto.

La sala volvió a quedar en silencio.

En la esquina, un joven con el pelo corto y una chaqueta negra estaba recostado contra la pared, con los brazos cruzados. No había dicho nada desde que comenzó la reunión, pero sus ojos estaban fijos en la pantalla.

Finalmente, habló:

—¿Cuánto tiempo queda?

El hombre de mediana edad lo miró y respondió:

—Tres horas.

El joven asintió, se enderezó y dijo:

—Entonces iré yo.

—¿Tú? —el funcionario dudó—. Pero la mazmorra ya está en estado anómalo. Entrar ahora es extremadamente peligroso.

—Precisamente por eso —dijo el joven con calma—. Si esperamos más, no quedará nadie a quien rescatar.

Sacó un objeto de su barra de objetos: un pequeño cubo metálico que emitía un tenue brillo azul.

—Tengo un objeto de teletransporte espacial. Puedo entrar directamente al núcleo de la mazmorra sin pasar por las capas externas.

—¿Y si te encuentras con la "amenaza" de la que habla el sistema?

El joven sonrió levemente.

—Entonces la cortaré.

Dicho esto, activó el objeto. Un destello de luz lo envolvió y desapareció de la sala.

En la pantalla, el sistema de la mazmorra seguía mostrando la advertencia en letras rojas parpadeantes:

"Ciudad de Cuentos de Bloques — Estado: Anómalo. Jugadores restantes: 7. Tiempo restante: 02:59:47. Si no se reciben refuerzos, se liberará una amenaza de nivel S hacia el exterior."

En el interior de la mazmorra, el cielo era de un azul artificial, como si estuviera pintado sobre una cúpula de cristal. Los edificios estaban hechos de bloques de colores, apilados de manera irregular, formando calles y plazas que parecían sacadas de un cuento infantil.

Pero la atmósfera no tenía nada de infantil.

En una plaza central, varios jugadores estaban reunidos, con expresiones tensas. Entre ellos había una mujer de pelo corto que sostenía una espada larga, un hombre robusto con un escudo, y una joven con una capa azul que parecía ser la líder del grupo.

—El sistema nos ha marcado como objetivos de caza —dijo la joven de la capa azul, con voz firme—. Eso significa que las criaturas de la mazmorra vendrán a por nosotros. No podemos quedarnos aquí.

—¿Y a dónde vamos? —preguntó el hombre robusto—. Las salidas están bloqueadas. No podemos salir hasta que el tiempo se agote.

—Entonces tenemos que aguantar hasta que lleguen los refuerzos —dijo la mujer de pelo corto—. El gobierno sabe que estamos aquí. Enviarán a alguien.

—¿Y si no llegan a tiempo?

La mujer de pelo corto apretó el mango de su espada.

—Entonces lucharemos hasta el final.

En ese momento, un sonido sordo resonó desde el extremo de la calle. Algo grande se movía entre los edificios de bloques, derribando estructuras a su paso.

Todos se giraron hacia el sonido.

Una sombra gigante se alzó sobre los tejados. Tenía forma humanoide, pero su cuerpo estaba compuesto por bloques de colores que se reacomodaban constantemente, como si estuviera vivo. Sus ojos eran dos ranuras oscuras que emitían una luz roja.

—¡Ahí está! —gritó alguien.

La criatura dio un paso adelante, y el suelo tembló.

La joven de la capa azul levantó la mano y activó su poder espacial. Una barrera translúcida se formó frente al grupo.

—¡Prepárense! —ordenó—. ¡No dejen que se acerque!

La criatura de bloques rugió, un sonido que no era humano ni animal, sino como el crujir de miles de piezas de construcción frotándose entre sí. Luego cargó hacia ellos.

La mujer de pelo corto fue la primera en moverse. Su espada larga brilló con un destello blanco mientras corría hacia la criatura. Saltó, esquivando un brazo de bloques que se extendía hacia ella, y giró en el aire para cortar.

La hoja impactó contra el brazo de la criatura, pero los bloques se reacomodaron al instante, absorbiendo el golpe sin sufrir daño.

—¡Es resistente! —gritó la mujer—. ¡Su cuerpo se regenera!

—¡Entonces ataca el núcleo! —respondió la joven de la capa azul—. ¡Debe tener un punto débil en el centro!

El hombre robusto levantó su escudo y bloqueó otro golpe de la criatura. El impacto lo hizo retroceder varios pasos, pero se mantuvo en pie.

—¡No puedo aguantar mucho más! —gritó—. ¡Este bicho es demasiado fuerte!

En el aire, un destello azul apareció de repente. Una figura emergió de la luz, cayendo al suelo con una postura ágil.

Era el joven de la chaqueta negra.

Miró a la criatura, luego al grupo de jugadores, y dijo con calma:

—¿Necesitan ayuda?

La joven de la capa azul lo reconoció al instante.

—¿Eres el refuerzo del gobierno?

—Algo así —respondió el joven, sacando una espada negra de su barra de objetos—. Ahora, permítanme encargarme de esto.

La criatura de bloques giró hacia él, sus ojos rojos brillando con intensidad. Rugió y cargó.

El joven no se movió. Esperó hasta que la criatura estuvo a pocos metros, luego levantó su espada y la cortó en el aire.

Un arco de luz negra se extendió desde la hoja, atravesando el cuerpo de la criatura de lado a lado.

Los bloques se congelaron por un instante. Luego, con un crujido ensordecedor, comenzaron a desmoronarse, cayendo al suelo en una pila de escombros.

El grupo de jugadores se quedó en silencio, mirando la escena con incredulidad.

—¿Así de fácil? —murmuró el hombre robusto.

El joven guardó su espada y se giró hacia ellos.

—Eso era solo un guardián de nivel medio. La amenaza real aún no ha aparecido.

—¿Qué quieres decir? —preguntó la mujer de pelo corto.

El joven señaló hacia el centro de la ciudad, donde una torre de bloques se alzaba sobre todos los edificios. En su cima, una luz roja pulsaba lentamente.

—Esa es la fuente de la anomalía. Si no la destruimos, la mazmorra seguirá generando criaturas hasta que el tiempo se agote.

—Entonces vamos a la torre —dijo la joven de la capa azul, con determinación.

El joven asintió.

—Sí. Pero tengan cuidado. Lo que hay dentro no será tan fácil de cortar como ese guardián.

Dicho esto, comenzó a caminar hacia la torre, con el grupo siguiéndolo de cerca.

Detrás de ellos, la pila de bloques comenzó a moverse lentamente, reacomodándose en una nueva forma. Pero nadie lo notó.

En la torre, una figura estaba sentada en un trono hecho de bloques dorados. Tenía forma humanoide, pero su rostro era liso, sin rasgos, solo una máscara blanca con una sonrisa pintada.

Sostenía un objeto en sus manos: una pequeña caja negra que emitía un zumbido constante.

—Han llegado —dijo la figura, con una voz que sonaba como el crujir de bloques—. Perfecto. Justo a tiempo para el juego.

La sonrisa pintada en su máscara pareció ensancharse.

—Veamos cuánto tardan en darse cuenta de que esta mazmorra no es un lugar para rescatar. Es un lugar para morir.