Chapter 2179: Alguien Detrás
En el pasillo del hospital, la luz era tenue y fría.
Xu Huo caminaba lentamente, sus pasos resonando en el suelo de baldosas. A su lado, la enfermera que lo guiaba mantenía la cabeza baja, sin decir palabra.
—¿Cuántos pacientes hay en esta ala? —preguntó Xu Huo de repente.
La enfermera se detuvo por un segundo antes de responder:
—Trece.
—¿Y el paciente de la habitación 307?
—No sé —respondió la enfermera sin levantar la vista—. Solo soy responsable de la limpieza.
Xu Huo no insistió. Continuaron caminando hasta el final del pasillo, donde una puerta metálica gris estaba entreabierta. La enfermera se detuvo y señaló hacia adentro.
—Aquí es.
Xu Huo asintió y empujó la puerta. La habitación estaba en penumbra, con una única cama en el centro. Sobre ella yacía una figura cubierta con una sábana blanca, inmóvil.
Se acercó y levantó la sábana. Debajo, un hombre de mediana edad con el rostro pálido y los ojos cerrados. Su pecho subía y bajaba débilmente, indicando que aún respiraba.
—¿Es él? —preguntó una voz desde la puerta.
Xu Huo se giró. Era el Doctor Wu, que había llegado silenciosamente.
—Sí —respondió Xu Huo—. Es el hombre que vi en el sueño.
El Doctor Wu entró y examinó al paciente con atención.
—Su estado es extraño. No tiene heridas externas, pero su actividad cerebral es anormalmente alta. Es como si estuviera... atrapado en un sueño.
—No es un sueño —dijo Xu Huo—. Es un mundo espiritual.
El Doctor Wu frunció el ceño.
—¿Un mundo espiritual? ¿Quieres decir que alguien lo metió ahí?
—Alguien con poder de súper evolución mental —confirmó Xu Huo—. Y no es la primera vez que encuentro este método.
Sacó un objeto pequeño de su bolsillo: una esfera de cristal que emitía un tenue resplandor azul. La acercó al paciente, y la esfera comenzó a vibrar ligeramente.
—Está conectado a algo —murmuró Xu Huo—. Alguien más está usando su mente como un conducto.
—¿Puedes rastrearlo? —preguntó el Doctor Wu.
—Puedo intentarlo.
Xu Huo cerró los ojos y extendió su poder espiritual. La esfera de cristal brilló más intensamente, y una línea de luz azul se extendió desde ella, atravesando la pared y desapareciendo en la distancia.
—Encontré el rastro —dijo Xu Huo, abriendo los ojos—. Pero es débil. Necesito seguir la conexión.
—¿Quieres ir ahora? —preguntó el Doctor Wu con preocupación—. Podría ser una trampa.
—Por eso mismo tengo que ir —respondió Xu Huo—. Si alguien está usando este método, significa que hay algo que no quieren que veamos.
Salió de la habitación y siguió la línea de luz azul por el pasillo. La luz lo guió hasta una escalera de emergencia, luego hacia el sótano del hospital.
El sótano estaba oscuro y húmedo. El aire olía a moho y productos químicos. La línea de luz se detuvo frente a una puerta de acero con un letrero que decía: "Archivo Médico".
Xu Huo empujó la puerta. El interior estaba lleno de estanterías metálicas con carpetas y expedientes. Al fondo, una figura estaba de pie, de espaldas a la entrada.
—Sabía que vendrías —dijo la figura sin girarse.
La voz era familiar. Xu Huo entrecerró los ojos.
—Tú eres el que está detrás de todo esto.
La figura se giró lentamente. Era un hombre de mediana edad con gafas y bata blanca de médico. En su pecho colgaba una placa de identificación: "Doctor Zhang".
—No exactamente —dijo el Doctor Zhang con una sonrisa—. Solo soy un intermediario. Pero tú... tú eres especial, Xu Huo. Has estado viendo cosas que no deberías ver.
—¿El mundo espiritual del paciente? —preguntó Xu Huo.
—No solo eso. Has estado viendo fragmentos de algo mucho más grande. Algo que no está listo para ser revelado.
Xu Huo dio un paso adelante.
—¿Y qué es ese algo?
El Doctor Zhang negó con la cabeza.
—Eso no puedo decírtelo. Pero puedo darte una advertencia: deja de buscar. Si sigues este camino, no te gustará lo que encontrarás.
—Esa no es una opción —dijo Xu Huo.
El Doctor Zhang suspiró.
—Lo imaginaba. Entonces tendré que hacer esto de la manera difícil.
Levantó la mano, y el espacio a su alrededor comenzó a distorsionarse. Xu Huo sintió una presión invisible apretando su mente, intentando invadir sus pensamientos.
—Ataque mental —murmuró Xu Huo, levantando su propia defensa espiritual.
Las dos fuerzas chocaron en el aire, creando ondas visibles de energía. Las estanterías metálicas temblaron, y los expedientes cayeron al suelo con un ruido sordo.
—Impresionante —admitió el Doctor Zhang—. Tu defensa es sólida. Pero ¿qué hay de esto?
Extendió ambas manos, y el espacio a su alrededor se plegó. De repente, Xu Huo se encontró en un vacío blanco, sin paredes ni suelo. Solo él y el Doctor Zhang, flotando en la nada.
—Bienvenido a mi mundo espiritual —dijo el Doctor Zhang—. Aquí, yo soy el dios.
Xu Huo miró a su alrededor, evaluando la situación. El mundo espiritual del Doctor Zhang era vasto, pero no infinito. Había límites, aunque estaban bien ocultos.
—No eres el primero que intenta esto —dijo Xu Huo—. Y no serás el último en fallar.
—¿Oh? ¿Y qué te hace tan seguro?
Xu Huo sonrió.
—Porque yo también tengo mi propio mundo espiritual.
Cerró los ojos, y el vacío blanco comenzó a agrietarse. Grietas de luz dorada se extendieron por todas direcciones, rompiendo la ilusión del Doctor Zhang.
—¡¿Qué?! —exclamó el Doctor Zhang, dando un paso atrás—. ¡Eso es imposible!
—Nada es imposible —respondió Xu Huo—. Solo requiere el poder suficiente.
El mundo espiritual del Doctor Zhang se hizo añicos, y ambos regresaron al sótano del hospital. El Doctor Zhang estaba jadeando, con el rostro pálido.
—Tú... tú eres diferente —dijo, con voz temblorosa—. No eres un evolucionador mental común.
—Ya lo sé —dijo Xu Huo—. Ahora dime: ¿quién está detrás de todo esto?
El Doctor Zhang rió amargamente.
—No puedo decírtelo. Si lo hiciera, estaría muerto antes de terminar la frase.
—Entonces tendré que extraerlo de tu mente.
Xu Huo extendió la mano, y su poder espiritual envolvió al Doctor Zhang. El hombre gritó mientras sus recuerdos eran examinados, buscando la información que necesitaba.
Pero de repente, el Doctor Zhang dejó de gritar. Su cuerpo se convulsionó, y sus ojos se volvieron blancos. Una voz diferente salió de su boca:
—Bien jugado, Xu Huo. Pero esto no ha terminado.
El cuerpo del Doctor Zhang colapsó, inerte. Xu Huo frunció el ceño. Alguien había activado un mecanismo de autodestrucción en la mente del Doctor Zhang, borrando todos sus recuerdos antes de que pudiera extraerlos.
—Un sello de muerte —murmuró Xu Huo—. Alguien muy poderoso está protegiendo esta información.
Se agachó y examinó el cuerpo del Doctor Zhang. No había señales de lucha externa. La muerte había sido instantánea, causada por una sobrecarga espiritual.
—¿Qué encontraste? —preguntó el Doctor Wu, que había llegado corriendo al oír el ruido.
—No mucho —admitió Xu Huo—. Pero confirmé una cosa: hay alguien más detrás de todo esto. Alguien que no quiere que descubramos la verdad.
—¿Y ahora qué?
Xu Huo miró el cuerpo del Doctor Zhang, luego hacia la puerta del sótano.
—Ahora tenemos que encontrar a esa persona. Pero primero...
Sacó su panel personal y revisó sus mensajes. Había una notificación nueva, de un remitente desconocido:
"Si quieres respuestas, ven al Hospital Diecisiete. Habitación 404. Pero ven solo."
Xu Huo guardó el panel y se dirigió hacia la salida.
—¿A dónde vas? —preguntó el Doctor Wu.
—A una cita —respondió Xu Huo—. Con alguien que parece saber más de lo que debería.