Chapter 2177: Qué Interesante

⏱ ~5 minutos de lectura

Chapter 2177: Qué Interesante

La luz de la luna se filtraba a través de las cortinas, proyectando sombras moteadas sobre el suelo de madera.

Xu Huo estaba sentado junto a la ventana, con una taza de té humeante entre las manos. Su mirada recorría el horizonte nocturno de la ciudad, donde las luces parpadeaban como estrellas caídas.

—¿Sigues pensando en lo que dijo ese tipo? —preguntó Carol Field, recostada en el sofá con los ojos entrecerrados.

—Es interesante —respondió Xu Huo sin apartar la vista de la ventana—. Dijo que el juego tiene reglas, pero que las reglas están hechas para romperse.

—¿Y eso qué significa?

—Significa que alguien está jugando un juego diferente al nuestro.

Carol Field se incorporó, frunciendo el ceño.

—¿Crees que hay otro nivel de jugadores?

—No lo sé —Xu Huo dio un sorbo a su té—. Pero si existe, quiero verlo.

—Eres un idiota —Carol Field resopló—. Cada vez que dices "quiero verlo", terminas metido en problemas.

—Los problemas son interesantes.

—¿Y la muerte también lo es?

Xu Huo sonrió ligeramente.

—La muerte es el final del juego. Pero mientras haya algo interesante por delante, no voy a morir.

Carol Field lo miró fijamente durante un largo rato, luego negó con la cabeza.

—A veces no sé si eres valiente o simplemente estás loco.

—¿Hay diferencia?

El silencio se instaló entre ellos. El viento nocturno acariciaba las cortinas, trayendo consigo el aroma de las flores del jardín.

—Ese tipo mencionó algo sobre el "Vagón de Transición" —dijo Carol Field de repente—. ¿Crees que tiene relación con el Tren Dimensional?

Xu Huo dejó la taza sobre la mesa.

—Todo tiene relación. Solo necesitamos encontrar el hilo que conecta las piezas.

—¿Y si el hilo nos lleva a un callejón sin salida?

—Entonces buscaremos otro camino.

Carol Field se levantó del sofá y caminó hacia la ventana, colocándose junto a Xu Huo.

—¿Sabes? A veces me pregunto si todo esto es real. El juego, los jugadores, las mazmorras... ¿Y si todo es una ilusión?

—¿Y qué importa? —Xu Huo la miró—. Si es una ilusión, al menos es una ilusión interesante.

Carol Field soltó una risa corta.

—Eres imposible.

—Eso me han dicho.

De repente, un sonido agudo atravesó el aire. Ambos se tensaron al instante.

—¿Escuchaste eso? —preguntó Carol Field.

Xu Huo asintió, sus ojos escaneando la oscuridad exterior.

—Viene del este.

—¿El Hospital Diecisiete?

—Parece que sí.

Carol Field sacó su arma, verificando la munición.

—¿Vamos a investigar?

Xu Huo sonrió.

—Por supuesto. Esto se está poniendo interesante.

—Eres un adicto a la adrenalina.

—Y tú me sigues, así que no eres mejor.

Carol Field rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír.

—Vamos entonces. Pero esta vez, intenta no destruir todo el edificio.

—No prometo nada.

Salieron por la ventana, moviéndose ágilmente por los tejados. La noche los envolvía como un manto, y las luces de la ciudad parpadeaban bajo ellos como un mar de estrellas.

—¿Crees que es una trampa? —preguntó Carol Field mientras saltaba de un edificio a otro.

—Probablemente.

—¿Y aun así vas?

—Las trampas también pueden ser interesantes.

Carol Field suspiró.

—Un día, tu curiosidad te va a matar.

—Pero no hoy.

Llegaron al Hospital Diecisiete en cuestión de minutos. El edificio se alzaba sombrío contra el cielo nocturno, sus ventanas vacías como cuencas sin ojos.

—Huele a sangre —dijo Carol Field, arrugando la nariz.

Xu Huo se agachó, tocando el suelo. Sus dedos se mancharon de un líquido oscuro y pegajoso.

—Sangre fresca. No tiene más de una hora.

—¿De quién?

—Buena pregunta.

Avanzaron por el pasillo principal, sus pasos resonando en el silencio. Las paredes estaban cubiertas de marcas extrañas, como si alguien hubiera arañado la pintura con garras.

—Esto no es normal —murmuró Carol Field—. Ni siquiera para los estándares de este juego.

—Nada es normal aquí —respondió Xu Huo—. Esa es la única regla.

Llegaron a una puerta entreabierta al final del pasillo. Una luz tenue se filtraba por la rendija.

Xu Huo levantó la mano, indicando a Carol Field que se detuviera. Luego empujó la puerta lentamente.

El interior era una sala de operaciones abandonada. En el centro, sobre una camilla oxidada, yacía una figura cubierta con una sábana blanca.

—¿Un cadáver? —susurró Carol Field.

Xu Huo se acercó con cautela. Levantó la sábana con la punta de su espada.

Bajo ella había un hombre de mediana edad, con el rostro congelado en una expresión de terror extremo. Sus ojos estaban abiertos de par en par, y su boca formaba un grito silencioso.

—¿Lo conoces? —preguntó Carol Field.

Xu Huo frunció el ceño.

—No. Pero tiene algo interesante.

—¿Qué?

—Su cuerpo no tiene heridas. Sin embargo, está muerto.

—¿Entonces cómo murió?

Xu Huo examinó el cadáver más de cerca. Sus ojos se detuvieron en el pecho del hombre.

—Ahí.

Carol Field siguió su mirada. En el pecho del cadáver, apenas visible bajo la piel, había una marca extraña. Parecía un símbolo, pero ninguno de los dos lo reconocía.

—¿Qué es eso?

—No lo sé —Xu Huo sacó su comunicador y tomó una foto—. Pero voy a averiguarlo.

—¿Cómo?

—Hay alguien que podría saberlo.

—¿Quién?

—El Doctor Duo'er.

Carol Field arqueó una ceja.

—¿Ese tipo raro del Instituto de Vida Púrpura?

—Sí. Si alguien conoce símbolos extraños, es él.

—¿Y crees que te va a ayudar así nomás?

Xu Huo sonrió.

—Le debo un favor. Es hora de cobrarlo.

De repente, un ruido proveniente del techo los sobresaltó. Ambos miraron hacia arriba.

—¿Qué fue eso? —preguntó Carol Field, apuntando su arma al techo.

—Alguien nos está observando.

—¿Cómo sabes?

—Porque si no, ya nos habrían atacado.

Un momento de silencio. Luego, una voz resonó desde las sombras del techo:

—Interesante. Muy interesante.

La voz era grave y rasposa, como metal arrastrándose sobre piedra.

—¿Quién eres? —preguntó Xu Huo, sin mostrar miedo.

—¿Eso importa? —respondió la voz—. Lo que importa es que has encontrado mi mensaje.

—¿Tu mensaje? —Carol Field frunció el ceño—. ¿Te refieres al cadáver?

—Exactamente. Lo dejé aquí para que lo encontraran.

—¿Para quién? —preguntó Xu Huo.

—Para alguien que sepa apreciarlo. Alguien como tú, Xu Huo.

Xu Huo entrecerró los ojos.

—¿Me conoces?

—Todo el mundo conoce al hombre que desafió al Gobierno del Juego. Tu reputación te precede.

—¿Y qué quieres de mí?

—Nada. Por ahora. Solo quería ver si eras tan interesante como dicen.

—¿Y lo soy?

La voz soltó una risa baja.

—Más de lo que esperaba. Esto va a ser divertido.

—¿Qué va a ser divertido?

—El juego, por supuesto. El verdadero juego.

Antes de que Xu Huo pudiera responder, una ráfaga de viento sacudió la habitación. Las luces parpadearon y se apagaron.

Cuando se encendieron de nuevo, la voz había desaparecido. Solo quedaba el cadáver en la camilla, con su marca extraña en el pecho.

—¿Qué demonios fue eso? —preguntó Carol Field, bajando su arma.

Xu Huo guardó su comunicador.

—No lo sé. Pero es interesante.

—¿Otra vez con eso?

—Es la verdad.

Carol Field suspiró, frotándose las sienes.

—A veces desearía que no fueras tan... tú.

—Pero entonces no sería interesante.

—¿Y eso es lo que quieres ser? ¿Interesante?

Xu Huo la miró, una sonrisa apenas perceptible en sus labios.

—Prefiero ser interesante que aburrido. ¿No crees?

Carol Field negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír.

—Vamos. Llevemos esto al Doctor Duo'er antes de que aparezca otro cadáver.

—Buena idea.

Salieron del hospital, llevando consigo el misterio del símbolo extraño y la voz que prometía un juego más grande.

La noche los recibió con su manto de estrellas, y en algún lugar, en la oscuridad, alguien observaba con una sonrisa.

—Qué interesante —murmuró la voz, ahora apenas un susurro en el viento—. Qué interesante.