Capítulo 1244: Impacto Preciso
La bala atravesó el aire con un silbido agudo, cortando el espacio como si fuera una línea recta invisible.
En el momento en que la bala salió del cañón, el cuerpo de Xu Huo ya se había movido. No se lanzó hacia adelante, sino que dio un paso lateral, como si hubiera anticipado la trayectoria del disparo mucho antes de que ocurriera.
La bala pasó rozando su sien, llevándose algunos cabellos sueltos.
El tirador, oculto en las sombras, frunció el ceño. Su dedo índice volvió a presionar el gatillo, pero Xu Huo ya no estaba en su línea de visión.
—¿Dónde está? —murmuró el tirador para sí mismo, girando la mira del arma para buscar a su objetivo.
Un escalofrío recorrió su espalda.
—Aquí —dijo una voz fría justo detrás de él.
El tirador intentó girarse rápidamente, pero una mano ya había envuelto su muñeca. Un tirón seco, un crujido, y el arma cayó al suelo junto con un grito ahogado.
Xu Huo soltó la muñeca rota y agachó la cabeza para recoger el arma. La examinó brevemente: un modelo estándar de la zona de guerra, con un cargador modificado para munición perforante.
—¿Quién te envió? —preguntó Xu Huo, sin levantar la vista.
El tirador jadeaba, con el sudor corriendo por su frente. Pero no respondió.
Xu Huo levantó la mirada y lo observó. Era un hombre de mediana edad, de complexión delgada, con una cicatriz que le cruzaba la mejilla izquierda. Su expresión era de puro terror, pero sus labios permanecían sellados.
—Entiendo —dijo Xu Huo, como si hubiera leído algo en sus ojos—. No lo sabes. Solo te pagaron para hacer el trabajo.
Los ojos del hombre se abrieron ligeramente, confirmando la suposición.
Xu Huo guardó el arma en su barra de objetos y dio media vuelta.
—Vete. Y dile a quien te contrató que la próxima vez envíe a alguien mejor.
El hombre dudó un momento, como si no pudiera creer que lo dejaban ir. Luego, sin pensarlo dos veces, se levantó del suelo y corrió hacia la salida del callejón.
Xu Huo no lo miró partir. En cambio, sus ojos se dirigieron hacia la azotea del edificio frente a él.
—Ya puedes bajar —dijo en voz alta—. Llevas ahí desde que empezó el tiroteo.
Un momento de silencio. Luego, una figura saltó desde el borde del edificio, aterrizando con una gracia que no correspondía a una caída de varios pisos. Era una mujer de pelo corto, con una chaqueta de cuero negro y una expresión de ligera sorpresa.
—¿Cómo me descubriste? —preguntó la Jugadora de pelo corto, cruzando los brazos.
—Tu respiración —respondió Xu Huo—. Demasiado controlada. Un espectador normal no contiene la respiración cuando ve un tiroteo.
La mujer soltó una risa corta.
—Interesante. El famoso Xu Huo, tal como lo describen los informes.
—¿Los informes de quién?
—De la gente que te busca —dijo ella, y su tono se volvió más serio—. Pero no vine a pelear. Tengo un mensaje para ti.
Xu Huo esperó.
—El Hospital Diecisiete —continuó ella—. Alguien te está esperando allí. Alguien que dice tener información sobre el Tren Dimensional.
Los ojos de Xu Huo parpadearon ligeramente. El Tren Dimensional era un tema delicado. La última vez que había oído hablar de él, estaba relacionado con la desaparición de varios Jugadores de alto nivel.
—¿Y por qué debería creerte?
—Porque no tengo razón para mentirte —dijo ella, encogiéndose de hombros—. Y porque la persona que te espera dice ser un viejo amigo tuyo. Alguien llamado Nie Xuan.
El nombre cayó como una piedra en agua quieta.
Xu Huo guardó silencio por un largo momento. Luego asintió lentamente.
—Está bien. Iré.
La Jugadora de pelo corto sonrió, dio media vuelta y desapareció en las sombras del callejón, tan silenciosamente como había llegado.
Xu Huo se quedó solo, con el arma aún en su mano. La giró entre sus dedos, pensativo.
Nie Xuan. Ese nombre no aparecía en sus recuerdos más recientes, pero algo en su interior le decía que era importante. Algo que había olvidado, o que alguien había borrado.
Guardó el arma y comenzó a caminar hacia el norte, en dirección al Hospital Diecisiete.
El sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de un naranja sangriento. Las calles de la ciudad estaban vacías, como siempre después del anochecer. Los Jugadores sabían que la noche pertenecía a las criaturas, y preferían refugiarse en las Zonas Seguras.
Pero Xu Huo no era un Jugador común.
Caminó por las calles desiertas, con las manos en los bolsillos, como si estuviera dando un paseo casual. Pero sus ojos escaneaban constantemente los alrededores, detectando cada movimiento, cada sombra, cada posible amenaza.
El Hospital Diecisiete apareció a lo lejos, un edificio de hormigón gris que se alzaba como un monumento a la decadencia. Las ventanas estaban rotas, las paredes cubiertas de grafitis y musgo. Había sido abandonado hace años, pero algo en su interior parecía estar esperando.
Xu Huo empujó la puerta principal, que se abrió con un chirrido metálico. El interior estaba oscuro, pero sus ojos se adaptaron rápidamente.
—Nie Xuan —llamó, su voz resonando en el pasillo vacío.
No hubo respuesta.
Avanzó por el pasillo, pasando junto a camillas oxidadas y equipos médicos cubiertos de polvo. El aire olía a moho y a algo más, algo metálico. Sangre.
Llegó a una puerta al final del pasillo. Estaba entreabierta, y una luz tenue se filtraba por la rendija.
Empujó la puerta.
Dentro, una figura estaba sentada en una silla, de espaldas a la entrada. Llevaba una bata blanca de médico, manchada de algo oscuro.
—Llegaste —dijo la figura, sin volverse—. Sabía que vendrías.
—Nie Xuan —dijo Xu Huo, deteniéndose a unos metros de distancia—. ¿Qué es esto?
La figura se giró lentamente. Era un hombre de rostro delgado, con gafas de montura metálica y una expresión cansada. Pero sus ojos brillaban con una intensidad que no correspondía a su apariencia.
—Esto —dijo Nie Xuan, extendiendo las manos— es una trampa.
En ese momento, las luces se encendieron, cegadoras. Xu Huo entrecerró los ojos, y cuando su visión se aclaró, vio que el pasillo detrás de él estaba bloqueado por una Barrera Espacial.
—Lo siento —dijo Nie Xuan, con una sonrisa amarga—. No tenía elección.
Xu Huo no respondió. En cambio, sus dedos se cerraron alrededor del arma que había guardado, y su expresión se volvió fría.
—Entiendo —dijo—. Entonces, ¿quién te está obligando?
Nie Xuan parpadeó, sorprendido por la pregunta.
—¿Cómo...?
—Si realmente quisieras tenderme una trampa —interrumpió Xu Huo—, no me habrías avisado con el nombre de un viejo amigo. Habrías usado otro señuelo. Así que, o estás siendo controlado, o estás cooperando a la fuerza.
Los ojos de Nie Xuan se humedecieron ligeramente.
—Eres tan perspicaz como siempre —dijo, con voz temblorosa—. Sí... me están obligando. Tienen a mi hija.
Xu Huo asintió lentamente.
—Entiendo. Entonces, ¿qué quieren de mí?
Antes de que Nie Xuan pudiera responder, una voz resonó desde los altavoces del hospital.
—Queremos tu muerte, Xu Huo. O mejor aún, queremos tu Súper Evolución.
Xu Huo levantó la vista hacia el techo, donde una cámara de seguridad lo observaba con su lente roja parpadeante.
—¿Y quién eres tú? —preguntó.
—Alguien que ha esperado mucho tiempo para conocerte —respondió la voz—. Pero eso no importa ahora. Lo que importa es que estás atrapado. La Barrera Espacial que te rodea es de nivel Súper. Ni siquiera tú puedes romperla.
Xu Huo guardó silencio por un momento. Luego, sonrió.
—¿Seguro?
Levantó la mano, y en su palma apareció un objeto pequeño y brillante. Un Objeto de teletransporte espacial.
—¿Crees que no sabía que esto era una trampa? —dijo, mientras activaba el objeto—. Vine aquí a propósito. Porque quería saber quién está detrás de todo esto.
La luz lo envolvió, y un momento después, desapareció.
En la sala de control del hospital, una figura encapuchada golpeó la consola con el puño, frustrada.
—¡Maldición!
Pero cuando levantó la vista, Xu Huo estaba de pie frente a él, con el arma apuntando a su cabeza.
—Encontré al responsable —dijo Xu Huo, con calma—. Ahora, hablemos.
La figura encapuchada se quedó inmóvil. Lentamente, se quitó la capucha, revelando un rostro que Xu Huo reconoció.
—Tú —dijo Xu Huo, con un destello de sorpresa en los ojos.
—Sí —respondió el hombre—. Yo.
Era alguien que se suponía muerto. Alguien cuyo nombre no debería existir en este mundo.
Alguien llamado... Hua Han.
—Hua Han —dijo Xu Huo, pronunciando el nombre con cuidado—. Se suponía que estabas muerto.
—La muerte es relativa —respondió Hua Han, con una sonrisa torcida—. Especialmente en este juego.
Xu Huo no bajó el arma.
—¿Qué quieres?
—Lo mismo que tú —dijo Hua Han—. La verdad. La Verdad lo Supera Todo, ¿no es así?
El nombre de la habilidad resonó en el aire, cargado de significado.
Xu Huo lo observó por un largo momento. Luego, lentamente, bajó el arma.
—Habla —dijo.
Y Hua Han comenzó a hablar.