Capítulo 16: El Árbol Oriental Fantástico
En lo profundo del cielo estrellado, dentro de la Gran Región Estelar del Triángulo Oscuro, un árbol antiguo y majestuoso se alzaba hacia el vacío. Sus raíces se extendían como dragones durmientes, penetrando capas de planos dimensionales, mientras sus ramas sostenían mundos enteros. Este era el legendario Árbol Divino Conector del Cielo, un ser viviente que había presenciado el nacimiento y la caída de incontables eras.
Zhang Ruochen flotaba frente al tronco colosal, sintiendo la respiración antigua del árbol. Cada hoja brillaba con runas divinas, cada fibra de corteza contenía secretos del Camino Sagrado. El poder que emanaba era abrumador, incluso para alguien de su nivel.
—Este árbol... está vivo —murmuró, sus ojos reflejando la luz dorada que emanaba del núcleo del árbol.
De repente, una voz antigua y profunda resonó en su mente:
—Heredero del tiempo y el espacio, has llegado por fin.
Zhang Ruochen se tensó, su mano instintivamente tocando la empuñadura de la Espada Antigua del Abismo Profundo. —¿Quién habla?
—Soy el espíritu de este árbol, un testigo de la era del Gran Señor Inamovible Rey Brillante —respondió la voz—. He estado esperando tu llegada desde que el Santo Monje Sumeru selló mi esencia aquí.
El corazón de Zhang Ruochen se aceleró. —¿El Santo Monje Sumeru? ¿Qué relación tiene con este árbol?
—Este árbol fue plantado por el mismísimo Gran Señor —explicó el espíritu—. Contiene el poder del Diagrama de los Cuatro Símbolos del Tai Chi y el secreto para alcanzar el Reino Ilimitado. Pero solo un verdadero heredero del tiempo y el espacio puede desbloquear su potencial.
De las ramas del árbol, una luz dorada descendió, formando una figura humanoide. Era un anciano de barba blanca, vestido con túnicas antiguas cubiertas de runas celestiales. Sus ojos eran como pozos sin fondo, llenos de sabiduría de eras pasadas.
—He visto tu viaje, Zhang Ruochen —dijo el espíritu—. Desde el Reino Comarcal Yunwu hasta el Campo de Batalla de la Cacería Celestial, has demostrado ser digno del legado del Gran Señor.
Zhang Ruochen frunció el ceño. —¿El legado del Gran Señor Inamovible Rey Brillante? ¿Acaso se refiere al Puño del Rey Inamovible de la Luz?
—Eso es solo una parte —respondió el espíritu—. El verdadero legado es el Camino Divino Sin Límites, la capacidad de trascender todas las reglas del cielo y la tierra. Pero para obtenerlo, primero debes superar una prueba.
—¿Qué tipo de prueba? —preguntó Zhang Ruochen, su mirada firme.
El espíritu del árbol señaló hacia las profundidades del bosque celestial. Más allá de las ramas, se podía ver un mundo distorsionado, donde el tiempo y el espacio se retorcían en patrones imposibles.
—Ese es el Reino del Progenitor, un fragmento del mundo original creado por el Gran Señor —explicó—. Dentro de él, enfrentarás tus propios miedos, tus dudas y tus limitaciones. Solo aquellos que pueden romper las cadenas de su propio corazón pueden obtener el poder supremo.
Zhang Ruochen observó el reino distorsionado, sintiendo la presión abrumadora que emanaba. Sabía que esto no sería fácil. Pero también sabía que no podía retroceder. Con la amenaza del Clan de Sangre Inmortal, el Templo del Destino y las Diez Grandes Fuerzas Oscuras acechando, necesitaba todo el poder que pudiera obtener.
—Acepto la prueba —dijo con determinación.
El espíritu del árbol sonrió, una expresión que contenía tanto alivio como tristeza. —Entonces, que el Camino del Dragón y el Elefante Prajna te guíe, y que el Corazón de la Verdad ilumine tu camino.
Con un gesto de su mano, una puerta de luz se abrió frente a Zhang Ruochen. Del otro lado, se podía sentir un poder antiguo y primitivo, como el aliento del mismísimo origen del universo.
Sin dudar, Zhang Ruochen dio un paso adelante, cruzando el umbral hacia lo desconocido.
En el momento en que entró, el mundo a su alrededor cambió drásticamente. Ya no estaba en el bosque celestial, sino en un vasto vacío donde el tiempo no tenía significado. Frente a él, figuras de su pasado comenzaron a materializarse: la Emperatriz Chi Yao, su padre el Emperador Ming, el Santo Monje Sumeru, todos lo miraban con expresiones complejas.
—Ruochen —dijo la Emperatriz Chi Yao, su voz resonando como campanas de jade—. ¿Realmente crees que puedes cambiar el destino?
—El destino no está escrito —respondió Zhang Ruochen, su voz firme—. Yo forjo mi propio camino.
—Incluso si ese camino te lleva a la aniquilación total del cuerpo y el espíritu? —preguntó el Emperador Ming, su rostro lleno de preocupación.
—Prefiero arder brillantemente que vivir en la oscuridad —dijo Zhang Ruochen, apretando el puño—. He visto demasiado sufrimiento, demasiada injusticia. No puedo quedarme de brazos cruzados.
Las figuras comenzaron a desvanecerse, reemplazadas por un paisaje de batalla. Vio a sus amigos cayendo, a sus aliados siendo masacrados, al Reino Kunlun siendo destruido. Cada imagen era una puñalada en su corazón.
—Este es tu mayor miedo —dijo una voz desde las sombras—. El miedo a perder a aquellos que amas.
Zhang Ruochen cerró los ojos, respirando profundamente. Cuando los abrió de nuevo, su mirada era como el acero.
—El miedo no me controla —dijo—. Es mi motivación para volverme más fuerte, para proteger a aquellos que me importan.
Con esas palabras, el paisaje de batalla se rompió como un espejo, revelando un camino de luz que se extendía hacia el infinito.
—Has superado la primera capa de la prueba —dijo la voz del espíritu del árbol—. Pero aún quedan siete más. Cada una pondrá a prueba diferentes aspectos de tu ser: tu voluntad, tu sabiduría, tu compasión y tu determinación.
Zhang Ruochen asintió, dando un paso adelante en el camino de luz. Sabía que este viaje cambiaría todo, que saldría de aquí como una persona diferente. Pero también sabía que era necesario.
Mientras se adentraba más en el Reino del Progenitor, el Árbol Divino Conector del Cielo brillaba con una luz cada vez más intensa, sus hojas susurrando secretos antiguos al viento del cosmos.
En el mundo exterior, en el Templo del Destino, varios ancianos de alto rango sintieron la perturbación en las reglas del destino.
—Alguien está tocando los hilos del tiempo —dijo un anciano, su rostro oculto bajo una capucha oscura—. Podría ser el heredero del tiempo y el espacio.
—¿El discípulo del Santo Monje Sumeru? —preguntó otro—. ¿No debería estar muerto?
—Parece que subestimamos su capacidad de supervivencia —respondió el primer anciano—. Envíen a los Emisarios de la Divina Marcialidad. Es hora de eliminar esta amenaza de raíz.
Mientras tanto, en el Reino del Infierno, el Gran Emperador de Fengdu levantó la mirada desde su trono de huesos, una sonrisa críptica en sus labios.
—Interesante —murmuró—. El árbol finalmente ha despertado. Esto cambiará el equilibrio de poder en los Diez Mil Reinos del Palacio Celestial.
En el corazón del árbol, Zhang Ruochen continuaba su viaje, sin saber que sus acciones estaban sacudiendo los cimientos mismos del universo. Pero incluso si lo supiera, no se detendría. Porque en su corazón ardía la llama de la justicia, y nada podría apagarla.