Capítulo 3863: El Viejo Borracho Despierta
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Zhang Ruochen abrió los ojos y vio que estaba en un mundo de pergamino. El cielo y la tierra eran vastos, y el aura espiritual era densa.
—¿Estoy... vivo? —murmuró, sintiendo el dolor punzante en todo su cuerpo.
Recordó la batalla final. El Gran Señor Inamovible Rey Brillante había desatado un ataque devastador, y él había usado el Mapa del Árbol Divino Qiankun para protegerse, pero el impacto lo había dejado inconsciente.
—¡Joven maestro! —una voz familiar llegó desde atrás.
Zhang Ruochen se giró y vio a Xiao Hei corriendo hacia él, con el rostro lleno de alegría.
—Xiao Hei, ¿dónde estamos? —preguntó.
—Estamos en el mundo del pergamino del Mapa del Árbol Divino Qiankun —respondió Xiao Hei—. El viejo borracho te salvó.
—¿El viejo borracho? —Zhang Ruochen frunció el ceño—. ¿El Santo Monje Sumeru?
—Sí —asintió Xiao Hei—. Despertó justo a tiempo y usó su poder para estabilizar tus heridas. De lo contrario, ya estarías muerto.
Zhang Ruochen sintió un alivio inmenso. El Santo Monje Sumeru era uno de los seres más poderosos del Reino Kunlun, y su despertar era una gran noticia.
—Llévame a verlo —dijo.
Xiao Hei lo guió a través del mundo del pergamino. Pronto llegaron a una cueva simple, donde un anciano de cabello blanco y barba desaliñada estaba sentado con las piernas cruzadas, una botella de vino en la mano.
—Viejo borracho, el joven maestro está aquí —anunció Xiao Hei.
El anciano levantó la cabeza, revelando un par de ojos brillantes. Era el Santo Monje Sumeru.
—Ruochen, siéntate —dijo con una sonrisa—. Tienes suerte de haber sobrevivido.
Zhang Ruochen se inclinó respetuosamente.
—Gracias, Santo Monje, por salvarme la vida.
—No hay necesidad de formalidades —dijo el Santo Monje Sumeru, tomando un trago—. Eres el heredero del tiempo y el espacio, y el futuro del Reino Kunlun. Es mi deber protegerte.
—Santo Monje, ¿cómo está su salud? —preguntó Zhang Ruochen.
—Estoy bien —respondió el Santo Monje—. He dormido demasiado tiempo, pero ahora estoy despierto. Es hora de enfrentar los problemas del mundo.
—¿El Gran Señor Inamovible Rey Brillante...? —Zhang Ruochen dudó.
—No te preocupes por él —dijo el Santo Monje, agitando la mano—. Por ahora, está siendo contenido por el Gran Emperador de Fengdu y los demás. Pero no durará para siempre. Debemos prepararnos.
Zhang Ruochen asintió. Sabía que la batalla apenas comenzaba.
—Santo Monje, ¿qué debemos hacer ahora? —preguntó.
—Primero, recupera tus fuerzas —dijo el Santo Monje—. Luego, iremos al Templo del Destino. Allí encontraremos respuestas.
—¿El Templo del Destino? —Zhang Ruochen se sorprendió.
—Sí —dijo el Santo Monje—. El Templo del Destino guarda muchos secretos. Si podemos desbloquearlos, tal vez podamos cambiar el curso de la guerra.
Zhang Ruochen sintió una chispa de esperanza. Con el Santo Monje Sumeru de su lado, tal vez pudieran enfrentar cualquier desafío.
—Entonces, descansaré un poco —dijo, cerrando los ojos.
El Santo Monje Sumeru sonrió y tomó otro trago de vino. Sabía que el camino por delante sería difícil, pero confiaba en Zhang Ruochen.
El futuro del Reino Kunlun estaba en sus manos.