Capítulo 2: No estoy seguro de poder terminarlo.

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Capítulo 2: No estoy seguro de poder terminarlo.

Zhang Ruochen abrió los ojos y se encontró en un espacio completamente desconocido. A su alrededor, todo era oscuridad, sin luz ni sonido, como si estuviera flotando en el vacío del universo.

—¿Dónde estoy? —murmuró, su voz resonando en el silencio absoluto.

De repente, una figura emergió de las sombras. Era un anciano de cabello blanco como la nieve, con una túnica negra que ondeaba sin viento. Su rostro estaba arrugado como la corteza de un árbol milenario, pero sus ojos brillaban con una luz penetrante.

—Has despertado, al fin —dijo el anciano, su tono cargado de una autoridad antigua.

Zhang Ruochen frunció el ceño, sintiendo una opresión en su pecho. —¿Quién eres? ¿Y esto qué lugar es?

—Soy un eco del pasado, un fragmento de lo que una vez fue —respondió el anciano, dando un paso adelante. —Este es el espacio entre los mundos, donde el tiempo y el espacio se entrelazan. Has sido traído aquí porque tu destino aún no está sellado.

—¿Mi destino? —Zhang Ruochen apretó los puños, recordando la batalla que había librado momentos antes. Había estado enfrentando a un enemigo formidable, un ser que controlaba las reglas del caos. —¿Estoy muerto?

—No, pero estás al borde —dijo el anciano, levantando una mano. En su palma apareció un símbolo brillante, un Diagrama del Yin y Yang del Tai Chi que giraba lentamente. —Tu cuerpo está destrozado, tu alma tambaleante. Sin embargo, aún hay una chispa de vida en ti. Depende de ti si la avivas o la dejas apagarse.

Zhang Ruochen cerró los ojos, sintiendo el flujo de su energía interna. Su Mar de Qi estaba casi vacío, y sus meridianos estaban rotos en incontables lugares. Pero dentro de su pecho, el Corazón de la Verdad latía débilmente, manteniéndolo aferrado a la existencia.

—¿Qué debo hacer? —preguntó, abriendo los ojos con determinación.

El anciano sonrió, una expresión que no llegaba a sus ojos. —Debes encontrar el Camino de la Verdad. Solo así podrás reconstruir tu cuerpo y tu alma. Pero ten cuidado, porque el camino está lleno de trampas y engaños. Incluso yo, que he vivido incontables eones, no pude completarlo.

—¿Tú? —Zhang Ruochen lo miró con sorpresa. —¿Eres un cultivador del Camino de la Verdad?

—Fui un buscador, como tú —respondió el anciano, su voz volviéndose melancólica. —Pero caí en la tentación del poder y perdí mi camino. Ahora solo soy un recuerdo, atrapado en este espacio. Pero tú... tú tienes algo que yo no tuve: un Corazón de la Verdad puro. Úsalo bien.

Antes de que Zhang Ruochen pudiera responder, el espacio a su alrededor comenzó a distorsionarse. La oscuridad se rompió en fragmentos de luz, y una fuerza invisible lo empujó hacia adelante.

—¡Espera! —gritó, pero ya era demasiado tarde.

Sintió como si su cuerpo fuera desgarrado y reconstruido al mismo tiempo. Cuando finalmente abrió los ojos, estaba de vuelta en el mundo real, tendido en el suelo de un campo de batalla devastado. A su alrededor, los cadáveres de bestias y cultivadores yacían esparcidos, y el cielo estaba teñido de un rojo sangriento.

—¿Qué fue eso? —murmuró, incorporándose con dificultad. Su cuerpo aún estaba débil, pero al menos podía moverse.

De repente, una voz familiar sonó detrás de él. —¡Hermano mayor! ¡Estás vivo!

Zhang Ruochen se giró y vio a Xiang Chunan corriendo hacia él, con el rostro lleno de alegría y alivio. Detrás de él, varios otros cultivadores lo seguían, todos con expresiones de asombro.

—Xiang Chunan... —dijo Zhang Ruochen, sonriendo débilmente. —¿Qué pasó? ¿Dónde estamos?

—Estamos en el Campo de Batalla de la Cacería Celestial —respondió Xiang Chunan, ayudándolo a ponerse de pie. —Después de que cayeras, pensamos que habías muerto. Pero entonces, una luz te envolvió y desapareciste. ¡Han pasado tres días!

—¿Tres días? —Zhang Ruochen frunció el ceño. Para él, solo habían pasado unos minutos en ese extraño espacio.

—Sí, y las cosas se han puesto peores —dijo Xiang Chunan, su tono volviéndose sombrío. —La Facción del Reino Celestial ha lanzado un ataque masivo. Están usando una Matriz de Teletransporte Espacial para traer refuerzos. Si no hacemos algo pronto, este campo de batalla caerá.

Zhang Ruochen apretó los puños, sintiendo una oleada de energía recorrer su cuerpo. Aunque estaba herido, su voluntad era inquebrantable. —Entonces, no perdamos tiempo. Llévame al frente.

Xiang Chunan asintió, y juntos comenzaron a avanzar hacia el corazón del conflicto. Pero en lo más profundo de su mente, Zhang Ruochen no podía olvidar las palabras del anciano. El Camino de la Verdad... tal vez esa era la clave para todo.