# Capítulo 79: Humano, ve a luchar
El viento negro azotaba rugiendo todo el mundo.
No era un simple flujo de aire formado por la presión atmosférica, sino un viento negro que soplaba desde el otro lado de la grieta espacio-temporal, lleno de destrucción, ruina y caos.
Bajo el soplo de esta tormenta negra, ya fueran las ruinas de la ciudad, los restos de los gólems de piedra, las montañas, las colinas o los bosques, todo se desmoronaba bajo el poder de esta fuerza maligna, convirtiéndose en cenizas podridas que se dispersaban poco a poco, formando una neblina de polvo que envolvía todo el mundo.
Oscurecía la luz del sol, extendía el frío y la oscuridad, secaba las aguas y congelaba los océanos.
El poder del Dios Maligno de la Catástrofe era tan inmenso que su mera proximidad traía consigo una calamidad que lo destruía todo.
El Padre de la Naturaleza debería haber hecho vibrar su poder, purificando esta tormenta impía con la red de poder divino; de lo contrario, antes de que el dios maligno descendiera, no quedaría un solo ser vivo en todo el mundo, y todo se volvería como ese mundo oscuro al otro lado del espacio-tiempo: todas las cosas pudriéndose y corrompiéndose, convertidas en polvo.
Pero Él guardó silencio, mirando atónito a Josué, como si hubiera visto algo inesperado.
Con precisión, miraba la mano del guerrero.
Sin prestar atención al asombro del dios, Josué levantó su mano izquierda, que sostenía firmemente la Perla Celeste Azul, por encima de su cabeza, y dijo una frase.
"¡Por la Llama Primordial, juro dar juicio a todas las llamas del caos—"
Levantando la Lanza Espada Cazadragones, Josué apuntó la punta hacia el cielo, hacia el caos negro que estaba a punto de descender sobre este mundo, y riendo a carcajadas dijo: "¡Por el Acero Primordial, juro dar sanción a todo el hierro maligno!"
En el cielo, el Dios Maligno de la Catástrofe ya estaba cruzando lentamente la grieta espacio-temporal.
En el borde de la grieta, el espacio se estaba rompiendo por la distorsión del caos, y fragmentos del mundo caían desde lo alto del firmamento como vidrios rotos, mientras que el cuerpo del dios maligno, inconmensurablemente enorme, como una retorcida galaxia negra, bajo la acción de alguna fuerza, se transformaba gradualmente en un enorme meteorito.
Esa era precisamente la catástrofe final que lo había destruido todo, que había aniquilado innumerables mundos.
¡La 【Gran Estrella de las Diez Plagas】!
El guerrero levantó la cabeza, mirando este fuego apocalíptico que caía del cielo.
"La catástrofe no puede detenerme..."
"¡Ni siquiera un dios maligno!"