Capítulo 87 ¡Qué pinche coincidencia!

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Capítulo 87 ¡Qué pinche coincidencia!

—Mmm... —Yun Che emitió un leve gemido mientras su conciencia emergía lentamente de la oscuridad.

Su cuerpo se sentía extremadamente débil, como si cada hueso y músculo hubiera sido destrozado y luego reensamblado de forma tosca. La sensación de vacío en su interior era casi aterradora, pero también traía consigo una oleada de energía fresca y desconocida, fluyendo débilmente por sus meridianos.

—¿Estoy... vivo? —preguntó en voz baja, su voz ronca y seca.

Apenas podía mover los dedos, y el dolor punzante en todo su cuerpo le recordaba que no estaba soñando. Recordaba vagamente la batalla contra aquel enorme monstruo de las profundidades, el instante en que su poder se agotó por completo y, finalmente, el destello de luz que lo envolvió todo.

—¡Oh, estás despierto! —exclamó una voz familiar a su lado, llena de alivio y alegría—. Pensé que no ibas a lograrlo.

Yun Che giró la cabeza con dificultad y vio a Mu Xiaolan sentada junto a él, con los ojos ligeramente enrojecidos y una sonrisa cálida en el rostro.

—¿Dónde estamos? —preguntó, intentando incorporarse.

—Tranquilo, todavía estás muy débil —lo detuvo Mu Xiaolan, extendiendo la mano para sostenerlo—. Estamos en un valle cerca de la costa. Después de que te desmayaras, usé el último resto de mi poder para traerte hasta aquí. No muy lejos debería haber una ciudad pequeña.

—¿El monstruo...?

—Muerto. —Mu Xiaolan suspiró, con una expresión de alivio mezclada con incredulidad—. Cuando estalló esa luz, el monstruo se desintegró directamente, ni siquiera dejó cenizas. ¿Qué hiciste al final?

Yun Che frunció el ceño, tratando de recordar. Solo sentía que, en el momento crítico, algo dentro de su cuerpo se había activado violentamente, absorbiendo toda su energía y liberando un poder indescriptible. Pero ahora, al intentar rastrear ese poder, no quedaba ni rastro.

—Ni yo mismo lo sé muy bien —respondió con sinceridad—. Tal vez fue un legado que dejó el Dios Maligno en mi cuerpo.

—¿El Dios Maligno? —Mu Xiaolan abrió mucho los ojos—. ¡El antiguo dios creador más poderoso! ¿Tienes el legado del Dios Maligno? ¡Eso es demasiado increíble! No es de extrañar que puedas invocar un poder tan aterrador.

—No es tan simple —negó Yun Che con la cabeza—. Ese poder no se puede controlar a voluntad, y esta vez usarlo casi me deja completamente agotado. La próxima vez, no sé si tendré tanta suerte.

—Bueno, al menos estamos vivos. —Mu Xiaolan sonrió y de repente pareció recordar algo, su expresión se volvió extraña—. Por cierto, cuando estabas inconsciente, revisé tu espacio de almacenamiento. Por supuesto, no toqué nada, solo quería ver si tenías algún medicamento de emergencia. Y entonces encontré algo muy interesante.

—¿Qué cosa? —preguntó Yun Che, sintiéndose un poco incómodo por su mirada.

Mu Xiaolan no respondió de inmediato, solo sonrió de manera significativa y luego murmuró en voz baja:

—El sello en la marca de la hoja de jade que llevas... el sello imperial de Cangfeng.

Al oír eso, el cuerpo de Yun Che se tensó ligeramente, pero pronto se relajó. Suspiró y dijo:

—Parece que no puedo ocultártelo más. Así es, soy la persona que buscas.

—Je, je, ¡qué pinche coincidencia! —exclamó Mu Xiaolan, dando una palmada—. El chico que busco con tanto esfuerzo resulta ser mi salvador. Y yo escapé de la mansión del Rey Huai para atraparte, y terminé enredada en tus problemas, casi perdiendo la vida. Realmente es el destino.

—¿Entonces? —preguntó Yun Che con calma—. ¿Vas a entregarme a la Familia Real Cangfeng?

—¿Entregarte? —Mu Xiaolan puso los ojos en blanco—. ¿Entregar a mi benefactor? ¿Acaso crees que soy una ingrata? Además, la Familia Real Cangfeng... hum, en realidad, antes de venir, el Rey Huai me dijo que no tenía que tomarte con vida. Pero ahora que lo pienso, debe haber muchas historias entre tú y la corte imperial de Cangfeng.

—Efectivamente —asintió Yun Che—. Tengo una gran enemistad con la Familia Real Cangfeng, especialmente con el emperador Cang Wanhe.

—Ya veo —dijo Mu Xiaolan, pensativa—. No es de extrañar que el Rey Huai estuviera tan ansioso por atraparte. Pero no importa, por ahora no le prestaré atención. Primero, recupérate bien, y luego decidiremos qué hacer después.

—Gracias. —Yun Che la miró con gratitud sincera.

—De nada. —Mu Xiaolan se levantó, se estiró perezosamente y dijo—: Voy a buscar algo de agua. Debes tener mucha sed. Descansa un rato, no te muevas.

Dicho esto, se dio la vuelta y se alejó en dirección al bosque cercano.

Yun Che la observó desaparecer entre los árboles y luego cerró lentamente los ojos. Su mente estaba llena de pensamientos turbulentos. El despertar del legado del Dios Maligno, la enemistad con la Familia Real Cangfeng, la aparición inesperada de Mu Xiaolan... Todo parecía empujarlo hacia un camino desconocido.

Pero a pesar de ello, una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

Da igual. Mientras viva, todo es posible.

(Fin del capítulo)