Capítulo 59: El Sabio Árbol

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Capítulo 59: El Sabio Árbol

A medida que se adentraban en el Bosque de Llamas Errante, los árboles a su alrededor se volvían más densos. Por donde pasaba Su Xiao, rostros aparecían en los troncos de color rojo fuego, y ser observado por esas caras no era para nada una experiencia agradable.

Una cabaña en un árbol apareció frente a ellos, construida completamente con ramas de árboles rojo fuego, ocupando una gran extensión de terreno.

Lilim se apresuró hasta la entrada de la cabaña, y las dos puertas tejidas con ramas se abrieron.

—Cuánto tiempo sin verte, Lilim-mía… —una voz anciana y ligeramente ronca llegó desde el interior.

—Mejor solo dime Lilim, no sé qué rencor le tenía mi abuelo para ponerme un nombre tan largo.

Lilim hizo una reverencia hacia el interior de la cabaña, mientras, con la punta del pie, golpeaba a Su Xiao.

—No hace falta tanto. Solo soy un viejo decrépito escondido en una galaxia remota. Me alegra que hayas venido a verme. Entren.

La voz anciana tenía un dejo de alegría. Lilim se giró hacia Su Xiao y, sin emitir sonido, articuló: «El viejo tiene mal genio, así que sé educado, ¡y nada de robar cosas!»

Su Xiao no dijo nada, solo siguió a Lilim hacia el interior de la cabaña.

Apenas entró, Su Xiao percibió un olor muy extraño. No podía identificar qué era, como una mezcla de varios materiales de alquimia.

Dentro, un anciano de cuerpo huesudo y rostro marchito estaba sentado frente a una mesa de trabajo. Parecía un árbol a punto de secarse por completo.

—¿Cómo está tu padre? La última vez que lo vi fue hace más de cien años.

El anciano dejó el tubo de ensayo que sostenía, y su brazo, como una rama seca, descansó sobre el reposabrazos de su asiento.

Clic, clic, clic.

El asiento giró, y entonces Su Xiao notó que el anciano no tenía piernas; su cuerpo estaba conectado a un mecanismo de alquimia similar a una silla de ruedas.

—Mi padre goza de buena salud. Gracias por su preocupación, Sabio Árbol.

Al anciano lo llamaban Sabio Árbol. Hay que saber que, en el Vacío, no cualquiera tiene derecho a ser llamado Sabio. Que otros te llamen así significa que has alcanzado un nivel muy alto en algún campo, y por eso te honran con ese título.

—¿Ese viejo demonio de tu abuelo sigue con su mal genio?

Las arrugas en el rostro del Sabio Árbol se profundizaron mientras sonreía con suavidad.

—Eh…

Lilim se sintió un poco incómoda.

—Un día de estos va a reventar de su propia ira.

Parecía que el Sabio Árbol tenía algún rencor personal con el abuelo de Lilim.

—Ejem…

Lilim estaba aún más incómoda.

—Sabio Árbol… mi abuelo falleció hace diecisiete años.

—…

La sonrisa amable del Sabio Árbol desapareció.

—Otro que se va. Por las fechas, no fue una muerte natural, ¿verdad? ¿Lo mataron?

—Bueno…

Lilim parecía tener algo difícil de decir.

—Si no es conveniente, déjalo. Vamos al grano. No viniste solo a verme, ¿verdad? Y además trajiste a un Aniquilador de Leyes.

El Sabio Árbol miró a Su Xiao. Sus ojos turbios parecían capaces de ver a través de muchas cosas.

—Así es. Quiere perfeccionar sus conocimientos de alquimia aquí. De todos los alquimistas que conozco, usted es el más destacado, así que lo traje para que lo conozca.

Lilim soltó un halago sin que sonara forzado.

—¿Un Aniquilador de Leyes interesado en la alquimia? Eso no se ve seguido. ¿No era que la afición de los Aniquiladores era viajar por el Vacío y matar a quien no les gustara?

El Sabio Árbol examinó a Su Xiao. Parecía haber conocido a algún Aniquilador antes, incluso quizás había peleado contra uno.

—¿De quién eres discípulo? Un Acero Azul con esta pureza no puede venir de cualquiera.

El Sabio Árbol sí sabía algo sobre la Sombra Aniquiladora, y además preguntó directamente. Su Xiao pensó rápido; inventar algo ahora no sería inteligente.

—Marvin Waltz.

Era el único Aniquilador de Leyes que Su Xiao había conocido, aunque fuera en forma de alma.

—¡Marvin Waltz!

El Sabio Árbol se enderezó. Lilim miró a Su Xiao con sorpresa. Al notarlo, Su Xiao supo que la había cagado.

—Ah, entonces eres discípulo de Marvin Waltz. Con eso, un Acero Azul tan puro no es de extrañar.

La expresión del Sabio Árbol volvió a la calma, pero Lilim no podía ocultar su asombro.

—¿¡Tu maestro es Marvin Waltz!?

—En términos literales.

La verdad es que Marvin Waltz no era exactamente su maestro. Su Xiao simplemente no conocía los nombres de otros Aniquiladores de Leyes, así que usó a Marvin Waltz para salir del paso.

—Sobrevivir siendo su alumno… te admiro un poco. Tu capacidad de aguante debe ser impresionante, sobre todo para el dolor.

Al oír eso, Su Xiao lo sintió en carne propia. Su tolerancia al dolor era asombrosa, y se lo debía a Marvin Waltz. En tres ocasiones estuvo a punto de morir de dolor: una al dominar la Constitución de Sombra Espiritual, otra al controlar el Núcleo Devorador, y la última al despertar el talento de Devorador de Almas.

Nunca olvidaría esos tres dolores. Dos de ellos estaban relacionados con Marvin Waltz, ese tipo siempre se olvidaba en los momentos clave, o quizás lo hacía a propósito.

—Aniquilador de Leyes, ya tienes algunos conocimientos de alquimia. ¿Qué quieres aprender de mí? Dímelo directamente. Le debo un favor al padre de Lilim.

—Creación de seres alquímicos.

—Creación de seres… déjame buscar.

La silla de alquimia bajo el Sabio Árbol se movió hacia una gran estantería en la cabaña. Poco después, el anciano tenía en sus manos un libro muy grueso. Su Xiao no reconocía los caracteres en la portada.

Pareciendo anticipar eso, el Sabio Árbol tomó una hoja de la mesa de trabajo y la pegó sobre la portada del libro antiguo.

—¿Reconoces esta escritura?

Su Xiao negó con la cabeza.

—¿Y esta?

Los caracteres en la portada cambiaron. Como había realizado misiones en varios mundos, Su Xiao conocía varios tipos de escritura.

—Sí.

—Entonces bien. Toma este libro y ve allí. Allí encontrarás los materiales para practicar. Si tienes dudas, puedes venir a preguntarme.

El Sabio Árbol le entregó el libro a Su Xiao y señaló una pequeña puerta de madera al fondo de la cabaña.

—Gracias.

Su Xiao tomó el libro. Tanto el libro como los materiales eran un gran favor, pero no había una relación personal entre ellos. El Sabio Árbol estaba saldando una deuda con la tribu demoníaca, y esta, a su vez, usaba esto para tantear a Su Xiao, para ver si era un buen aliado.

Su Xiao no pidió tesoros a la tribu demoníaca, sino que les pidió que le crearan una oportunidad para mejorar su alquimia.

La alianza entre la tribu demoníaca y los Aniquiladores de Leyes beneficiaba a Su Xiao. Si en un futuro lejano quería pisar el Vacío, tener aliados como la tribu demoníaca reduciría muchos obstáculos, al menos en cuanto a información.

Por eso, Su Xiao ignoró las pruebas de la tribu demoníaca. No pidió tesoros, sino que propuso un intercambio: que Lilim le buscara una oportunidad para mejorar su alquimia, y él daría algo a cambio. No importaba si la tribu aceptaba o no la recompensa; solo mostraba una actitud.

Como siempre, no hay almuerzo gratis. Pero si alguien invita, es diferente. Y en este caso, la tribu demoníaca era la que invitaba.

A Su Xiao no le quedaba mucho tiempo. Debía mejorar su creación de seres alquímicos en poco tiempo, porque después tendría que volver a la arena para algunas peleas.