Capítulo 5: Intención Sangrienta · Siete Estrellas (42.8%).
La noche era profunda y silenciosa, solo el viento nocturno susurraba entre los árboles, llevando consigo un leve aroma a sangre.
En el claro del bosque, la luna brillaba intensamente, proyectando sombras retorcidas de las ramas sobre el suelo. Un joven yacía boca arriba, su ropa hecha jirones, con múltiples cortes en el cuerpo de los que aún manaba sangre. Su rostro, pálido como el papel, respiraba débilmente, como si estuviera al borde de la muerte.
De repente, una ráfaga de viento frío pasó, y una figura apareció silenciosamente junto al joven. Era un anciano de rostro demacrado, vestido con una túnica negra, con una profunda mirada que brillaba con un resplandor inusual.
—Hmph, ni siquiera puedes con este pequeño monstruo, ¿y aún así dices que quieres vengar a tu clan? —dijo el anciano con desdén, sacudiendo la cabeza.
El joven, como si hubiera escuchado esas palabras, apretó los dientes y forcejeó para abrir los ojos. Su mirada, aunque débil, ardía con una voluntad inquebrantable.
—Yo... yo no puedo morir... —su voz era ronca, pero firme.
El anciano sonrió ligeramente, se agachó y extendió la mano para presionar el pecho del joven. Al instante, una oleada de energía cálida inundó su cuerpo, y las heridas comenzaron a sanar a una velocidad visible.
—Tienes suerte de haberme encontrado a mí. Si no, con tus heridas, no habrías durado ni una hora —dijo el anciano con indiferencia, mientras retiraba la mano—. Pero no creas que estás fuera de peligro. La energía de la sangre venenosa de ese monstruo ya ha erosionado tu meridiano principal. Si no la eliminas a tiempo, en tres días tu cuerpo se pudrirá y morirás.
El joven se estremeció, pero pronto recuperó la calma. Se incorporó lentamente, hizo una profunda reverencia al anciano y dijo:
—Gracias por salvar mi vida, anciano. Por favor, dígame cómo eliminar la energía de la sangre venenosa. Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa.
El anciano lo miró profundamente y de repente soltó una risa extraña:
—¿Cualquier cosa? Bien, entonces te daré una oportunidad. En tres días, en la cima de la montaña de las Siete Estrellas, habrá una gran batalla. Si puedes sobrevivir, no solo eliminarás la energía venenosa, sino que también obtendrás un poder que jamás imaginaste.
—¿Montaña de las Siete Estrellas? —el joven frunció el ceño—. He oído que allí hay monstruos feroces, y que incluso los practicantes de alto nivel no se atreven a adentrarse fácilmente.
—Je, si tienes miedo, puedes rendirte ahora. Pero recuerda, solo te quedan tres días de vida —dijo el anciano con indiferencia, dándose la vuelta para irse.
—¡Espere! —lo detuvo el joven, con determinación en sus ojos—. Iré.
El anciano se detuvo, sin girarse, solo dijo:
—Bien, entonces nos vemos en la cima de la montaña de las Siete Estrellas. Recuerda, cuando llegue el momento, no confíes en nadie, solo en ti mismo.
Dicho esto, su figura se desvaneció como humo, desapareciendo sin dejar rastro.
El joven se quedó solo en el claro, apretando los puños, una luz feroz brillando en sus ojos.
—Clan... esperen, pronto podré vengarlos.
Tres días pasaron en un abrir y cerrar de ojos.
La montaña de las Siete Estrellas se alzaba imponente, con picos envueltos en nubes y niebla, un lugar misterioso e impredecible. En la cima, siete picos de piedra se erguían como siete espadas gigantes apuntando al cielo, de ahí su nombre.
El joven subió la montaña con dificultad, su cuerpo aún no se había recuperado del todo, y cada paso le costaba un gran esfuerzo. Pero su mirada era firme, sin la menor intención de retroceder.
Cuando finalmente llegó a la cima, quedó atónito.
Ante él, en un espacio abierto, había siete figuras envueltas en túnicas negras, de pie en círculo, emitiendo una presión escalofriante. En el centro, un altar de sangre desprendía un resplandor rojo, lleno de un aura siniestra.
—Has llegado —la voz del anciano sonó desde atrás. El joven se giró y vio al anciano de la otra noche, de pie no muy lejos, con una sonrisa críptica en el rostro.
—¿Qué significa esto? —preguntó el joven en tono grave.
—La prueba de la Intención Sangrienta de las Siete Estrellas —dijo el anciano lentamente—. Siete personas, siete estrellas, solo uno puede sobrevivir. El que sobreviva obtendrá el poder de la sangre de las siete estrellas, y su fuerza aumentará enormemente.
El joven miró a su alrededor, y los siete hombres de negro también lo observaban, sus miradas llenas de hostilidad y codicia.
—Parece que no tengo elección —dijo el joven en voz baja, luego levantó la cabeza, con una luz feroz brillando en sus ojos—. Bien, entonces, que empiece la batalla.
En cuanto terminó de hablar, los siete hombres de negro se movieron al mismo tiempo, siete rayos de luz negra se dirigieron hacia él. El joven apretó los dientes, sin esquivar, y cargó directamente.
Sangre, dolor, muerte.
En ese momento, solo existía la lucha más primitiva.
La luna se ocultó entre las nubes, y la cima de la montaña quedó sumida en una oscuridad total, solo de vez en cuando se escuchaban gritos desgarradores y el sonido de armas chocando.
Cuando la luna volvió a aparecer, la cima ya estaba en silencio.
El joven yacía en un charco de sangre, su cuerpo sin un solo lugar ileso. Pero en su pecho, un patrón de siete estrellas brillaba tenuemente, emitiendo una energía aterradora.
El anciano se acercó lentamente, mirando al joven en el suelo, con una sonrisa de satisfacción en los labios.
—Bien, has pasado la prueba. Desde ahora, eres el portador de la Intención Sangrienta de las Siete Estrellas.
El joven forcejeó para abrir los ojos, sintiendo el poder que fluía por su cuerpo, una mezcla de dolor y placer. Sabía que desde ese momento, su vida había cambiado por completo.
Pero también sabía que esto era solo el comienzo.
El camino de la venganza, recién empezaba.