Capítulo 2: El Delator: ???
—Señor, ¿está seguro de que quiere hacer esto? —preguntó el mayordomo con voz temblorosa mientras sostenía una bandeja de plata.
El hombre frente a él, vestido con una túnica negra bordada en hilos dorados, tomó la copa de vino sin inmutarse. Sus dedos, largos y pálidos, acariciaron el borde de cristal antes de llevarla a sus labios.
—¿Acaso crees que tengo otra opción? —respondió con una sonrisa fría que no llegaba a sus ojos—. Ese maldito mocoso ha estado acumulando poder en secreto. Si no actuamos ahora, cuando menos lo esperemos, nos habrá reemplazado a todos.
El mayordoro tragó saliva. Las noticias que había traído esa mañana eran inquietantes: el joven maestro había estado reuniendo a varios cultivadores de alto nivel en las montañas del norte, lejos de la mirada del clan.
—Pero señor, si el patriarca se entera de que usted...
—El patriarca es un anciano senil que solo piensa en su preciosa hierba celestial —lo interrumpió el hombre, apretando la copa con fuerza—. No ve más allá de sus narices. Yo sí. Y sé que ese chico planea algo grande.
Dejó la copa sobre la mesa de ébano y se puso de pie. La luz de las velas proyectaba sombras danzantes sobre su rostro anguloso.
—Ve y dile al consejo que tengo información importante. Diles que el delator ha hablado.
El mayordomo hizo una reverencia y se retiró rápidamente, sus pasos resonando en el pasillo de piedra.
En la habitación, el hombre de la túnica negra se quedó solo, mirando fijamente la llama de una vela. Una sonrisa retorcida se formó en sus labios.
—Pronto, todo esto será mío —murmuró para sí mismo—. Y nadie, ni siquiera ese maldito niño prodigio, podrá detenerme.