Capítulo 2: El Aniquilador de Leyes.

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Capítulo 2: El Aniquilador de Leyes.

En la oscuridad de la noche, una figura encapuchada se movía sigilosamente entre las sombras. Sus pasos eran ligeros, casi imperceptibles, como si el mismo suelo se negara a delatar su presencia. Frente a él, un antiguo templo se alzaba imponente, sus muros cubiertos de runas brillantes que parpadeaban con una luz tenue, como si respiraran.

—Aquí es —murmuró para sí mismo, sus ojos escaneando cada detalle del lugar.

De repente, un crujido resonó desde el interior. La puerta de madera se abrió de golpe, y una ráfaga de viento helado salió disparada, levantando polvo y hojas secas. El encapuchado no se inmutó; en su lugar, extendió una mano y sus dedos comenzaron a brillar con una energía oscura.

—Ley de la Aniquilación —susurró, y el aire a su alrededor se distorsionó.

Las runas en el templo parpadearon violentamente, como si intentaran resistirse, pero una tras otra comenzaron a apagarse. El sonido de cristales rompiéndose llenó la noche, y el templo tembló. Desde adentro, se escucharon gritos de alarma.

—¡Intruso! ¡Es un Aniquilador de Leyes! —vociferó alguien.

Pero ya era tarde. La figura encapuchada dio un paso adelante, y con un movimiento de su mano, las paredes del templo comenzaron a desmoronarse. No por la fuerza bruta, sino porque las mismas leyes que sostenían su estructura estaban siendo deshechas, borradas de la existencia como tinta en agua.

—El Consejo de los Cinco Cielos caerá esta noche —dijo con una voz fría y determinada, mientras la oscuridad lo envolvía por completo.

El templo se derrumbó en un silencio antinatural, sin polvo ni escombros, solo un vacío donde antes había solidez. Y en medio de ese vacío, el Aniquilador de Leyes se irguió, listo para continuar su misión.