Capítulo 2: Permiso de uso gratuito de la cabina de mejora de habilidades (una vez).
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—¿Estás seguro de que quieres usar el permiso de uso gratuito de la cabina de mejora de habilidades (una vez)? —preguntó una voz mecánica y fría.
—Sí —respondió sin dudar.
Al instante, una luz blanca envolvió todo su cuerpo. Sintió una corriente cálida recorrer cada fibra de su ser, como si innumerables agujas diminutas estuvieran pinchando suavemente sus músculos y huesos. Un dolor punzante, pero soportable, lo invadió.
Cuando la luz se desvaneció, abrió los ojos lentamente. Frente a él, una interfaz translúcida flotaba en el aire, mostrando sus nuevas estadísticas.
Nombre: Lin Feng
Nivel: 1
Fuerza: 15 (mejorada)
Agilidad: 12 (mejorada)
Constitución: 14 (mejorada)
Inteligencia: 10
Habilidades: Sin desbloquear
—La mejora ha finalizado. Disfruta de tu nueva fuerza —dijo la voz mecánica antes de desaparecer.
Lin Feng apretó los puños y sintió una oleada de poder recorrer sus brazos. Antes, apenas podía levantar una bolsa de arroz de veinte kilos; ahora, estaba seguro de que podría cargar a una persona sin problema.
—No está mal... —murmuró, esbozando una sonrisa.
Pero sabía que eso era solo el comienzo. En este mundo postapocalíptico, la fuerza bruta no era suficiente. Necesitaba habilidades, equipo, y sobre todo, información.
Salió de la cabina de mejora y se encontró de nuevo en la calle desierta. El sol se ocultaba tras los edificios derrumbados, tiñendo el cielo de un rojo anaranjado. El silencio era inquietante.
—Bien, primero lo primero: encontrar un lugar seguro para pasar la noche —se dijo a sí mismo.
Comenzó a caminar con paso firme, sus sentidos más agudos que antes. Podía oír el crujir de los escombros bajo sus pies, el viento silbando entre las grietas de los muros, y... un ruido extraño, como un rasguño, proveniente de un callejón cercano.
Se detuvo en seco. Aguzó el oído.
El rasguño se repitió, seguido de un gruñido gutural.
Lin Feng frunció el ceño. Con cuidado, se asomó al callejón. En la penumbra, vio una figura encorvada, de unos dos metros de altura, con la piel grisácea y cuarteada. Sus ojos brillaban con un fulgor rojizo, y de su boca abierta goteaba un líquido viscoso.
—Una criatura mutada... —susurró.
La bestia lo olió. Giró la cabeza y sus miradas se encontraron.
—¡Rrrrraaah! —rugió, y se lanzó hacia él con una velocidad sorprendente.
Lin Feng reaccionó al instante. Dio un salto hacia atrás, esquivando por poco las garras que buscaban desgarrarlo. Aterrizó en una posición de combate, el corazón latiéndole con fuerza.
—Mierda, esto se puso serio —maldijo entre dientes.
No tenía armas. Solo su cuerpo recién mejorado. Pero no iba a huir. Si quería sobrevivir en este mundo, tenía que enfrentar los peligros de frente.
La criatura cargó de nuevo. Lin Feng esperó el momento justo, y cuando las garras estuvieron a punto de alcanzarlo, se agachó y giró, lanzando un puñetazo directo al costado de la bestia.
—¡Toma eso!
El golpe impactó con una fuerza demoledora. La criatura soltó un aullido de dolor y retrocedió tambaleándose. Lin Feng no le dio tregua. Avanzó y asestó otro golpe, esta vez en la cabeza.
El cráneo de la bestia se hundió bajo el impacto. Un líquido negro y espeso brotó de la herida. La criatura emitió un último gemido y se desplomó, inerte.
Lin Feng jadeaba, pero no por cansancio, sino por la adrenalina. Miró sus puños, manchados de sangre negra.
—Vaya... esto sí que es poder —dijo, impresionado.
Se arrodilló junto al cadáver y lo examinó. La piel era dura como el cuero, y las garras, afiladas como cuchillas. Sin duda, una amenaza mortal para cualquier humano común.
—Si no hubiera mejorado mi cuerpo, probablemente ya estaría muerto —reflexionó.
De repente, una notificación apareció ante sus ojos.
[Has derrotado a un mutante de nivel 1. Recompensa: 10 puntos de experiencia.]
—¿Experiencia? —preguntó en voz alta—. ¿Puedo subir de nivel?
El sistema no respondió, pero la interfaz mostró una barra de progreso: Experiencia: 10/100.
—Necesito 100 puntos para subir al nivel 2. Eso significa que tengo que matar a diez de estas cosas... —calculó.
Guardó la información en su mente y se puso de pie. El sol ya se había ocultado por completo, y la oscuridad comenzaba a envolver la ciudad.
—Es hora de buscar refugio.
Caminó unas cuadras hasta encontrar un edificio de departamentos semiderruido. La entrada estaba bloqueada por escombros, pero encontró una ventana rota en la planta baja. Trepó con agilidad y entró.
El interior estaba cubierto de polvo y telarañas. El mobiliario estaba destrozado, pero las paredes parecían sólidas. Subió las escaleras hasta el tercer piso y eligió una habitación en la esquina, con una sola entrada y ventanas pequeñas.
—Esto servirá —dijo, cerrando la puerta con una tabla que encontró en el pasillo.
Se sentó en el suelo, apoyando la espalda contra la pared. Por primera vez desde que despertó en este mundo, tuvo un momento para pensar.
—El sistema me dio una cabina de mejora gratuita, pero solo una vez. ¿Qué sigue? ¿Tengo que ganarme las siguientes mejoras? —se preguntó.
No tenía respuestas. Pero una cosa era segura: no iba a rendirse. En este mundo de caos y muerte, solo los fuertes sobrevivían. Y él estaba decidido a ser uno de ellos.
Cerró los ojos y trató de descansar. Mañana sería otro día, y seguro que traería más peligros.
Pero también, más oportunidades.