Capítulo 6: Un farmacéutico no debe divertirse torturando a sus pacientes...

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Capítulo 6: Un farmacéutico no debe divertirse torturando a sus pacientes...

Decenas de reglas de consulta, todas muy detalladas, indicaban que esta sala de diagnóstico tenía mucha historia.

Su Xiao estaba sentado en un rincón, en un asiento inclinado junto a la ventana. Bahá comenzó a limpiar los frascos de suero colgados del soporte metálico; Su Xiao no necesitaba esos instrumentos de tratamiento tan primitivos.

Según la información previa, Su Xiao supo que, al tratar a un paciente, cuantas más lesiones ocultas tuviera su cuerpo, más reputación ganaría después del tratamiento. Hasta qué punto, aún no se sabía.

En pocas palabras: cuanto más grave fuera la herida, mejor cliente era. Un paciente que entraba cojeando era un cliente valioso; uno en silla de ruedas, un cliente VIP; y uno que llegaba en camilla, un cliente diamante VIP supremo.

Su Xiao miró la hora: apenas las ocho de la mañana. No debería haber pacientes. Estaba a punto de sacar su terminal de duelo a muerte cuando un paciente entró.

Ese paciente medía unos dos metros y medio, un grandullón fornido y corpulento que imponía respeto, pero entraba cojeando.

Al verlo, los ojos de Su Xiao se iluminaron. Bahá, a su lado, se apresuró a decir: —Hermano, siéntese aquí.

El grandullón, que había llegado relajado, se puso nervioso al sentarse frente a Su Xiao.

El Ojo de los Dioses flotó detrás de Su Xiao y comenzó a escanear los datos del grandullón. Momentos después, supo la situación general: el límite máximo de vida del tipo había bajado del 100% al 87.9%, lo que demostraba cuántas lesiones ocultas acumulaba en su cuerpo.

Su Xiao frunció el ceño poco a poco, pensando en el método de tratamiento. Como no llevaba un cubo en la cabeza, sus expresiones faciales eran visibles para el grandullón. Al verlo fruncir el ceño, el grandullón se puso cada vez más tenso. Quería preguntar: "Doctor, ¿tengo salvación?", pero temía interrumpir el diagnóstico de Su Xiao.

—Las lesiones acumuladas en tu cuerpo son bastante graves —dijo Su Xiao, siendo relativamente diplomático. Le sorprendía que el grandullón hubiera podido venir solo a consulta, en lugar de ser traído en camilla o tener que reencarnarse en otra especie.

—¿Qué tan grave es? Doctor, ¡sálveme! Mi hijo solo tiene cinco años, quiero verlo crecer. En cuanto a las monedas de oro...

El grandullón hablaba con urgencia. Aunque hacía mucho que no "cazaba", su estado físico empeoraba día a día. No esperaba mucho, solo quería ver crecer a su hijo; recuperar su poder de combate ya no era tan importante para él.

—No es cuestión de monedas de oro —dijo Su Xiao.

—Entonces, ¿qué es...?

—Tu situación es muy grave. Necesitas una gran... necesitas cirugía.

—¡?

El grandullón sintió un escalofrío inexplicable. Su percepción comenzó a gritarle una advertencia: ¡Peligro!