Capítulo 7: Polvo (Conviértete en mago en el corto plazo y pelea con Gollum).
La noche caía sobre el mundo, y el viento frío soplaba entre las ruinas. El polvo se levantaba del suelo, cubriendo todo a su paso. Un joven, con el rostro marcado por la fatiga, se erguía frente a una figura encorvada y grotesca. Era Gollum, con sus ojos grandes y brillantes, su piel pálida y sus dedos largos y huesudos.
—Has llegado lejos, pequeño —dijo Gollum, su voz como un susurro rasposo—. Pero el polvo te atrapará al final.
El joven no respondió. En su mano, una luz tenue comenzó a formarse, un resplandor que crecía desde su interior. Había pasado días enteros estudiando, practicando, fallando y volviendo a intentar. Ahora, finalmente, sentía el poder fluir por sus venas. Era magia, pura y cruda, como un río subterráneo que rompía la superficie.
—No soy tu pequeño —dijo el joven, su voz firme—. Y el polvo no me atrapará.
Gollum rió, un sonido seco y cortante. Se lanzó hacia adelante, sus garras extendidas, listas para desgarrar. Pero el joven levantó la mano, y una barrera de luz estalló a su alrededor, deteniendo el ataque. El impacto levantó más polvo, cegándolos por un instante.
—¡Magia! —siseó Gollum, retrocediendo—. ¡Has aprendido magia! Pero no es suficiente, no, no es suficiente.
El joven apretó los dientes. Sabía que tenía razón. Apenas había dominado los fundamentos, y su energía se agotaba rápido. Necesitaba terminar esto pronto. Concentró su voluntad, y un rayo de energía salió disparado de su palma, directo al pecho de Gollum.
La criatura chilló, tambaleándose hacia atrás. Pero no cayó. Se enderezó lentamente, sus ojos brillando con furia.
—¡Me has hecho daño! —gritó—. ¡Ahora pagarás!
Se lanzó de nuevo, más rápido esta vez. El joven apenas tuvo tiempo de esquivar, rodando por el suelo cubierto de polvo. Se levantó de un salto, su respiración agitada. La magia en su interior parpadeaba, amenazando con apagarse.
—No puedo rendirme —murmuró para sí mismo—. No ahora.
Recordó las palabras de su maestro: "La magia no es solo poder, es voluntad. Si tu voluntad es fuerte, el poder te seguirá." Cerró los ojos, ignorando el polvo que se pegaba a su piel, ignorando el dolor en sus músculos. Se concentró en una sola cosa: la llama interior.
Cuando abrió los ojos, estos brillaban con una luz dorada.
Gollum se detuvo, sorprendido. El joven levantó ambas manos, y el polvo a su alrededor comenzó a girar, formando un torbellino. La criatura intentó retroceder, pero era demasiado tarde. El torbellino la envolvió, levantándola del suelo.
—¡No! ¡No! —gritó Gollum, luchando contra el viento—. ¡El polvo! ¡El polvo me tiene!
El joven apretó los puños, y el torbellino se cerró, aplastando a la criatura en un estallido de luz y polvo. Cuando todo se calmó, solo quedaba un montón de cenizas, mezcladas con el suelo.
El joven cayó de rodillas, jadeando. Había ganado, pero apenas. Miró sus manos, aún temblorosas, y sonrió débilmente.
—Polvo —dijo, levantando un puñado del suelo—. Todo vuelve al polvo.
Se puso de pie lentamente, mirando al horizonte. El camino aún era largo, pero por primera vez, sentía que tenía el poder para recorrerlo.